Desayunos «de antaño» (el Revuelto, Sol y Sombra, Trifásico, Carajillo…)

Habrá gente a la que le sorprenderá que titule este artículo como desayunos «de antaño». En realidad a muchas personas ni se les pasará por la cabeza que cualquiera de los productos aquí señalados puedan considerarse ni por asomo un desayuno —para muchos nutricionistas el momento de la alimentación más importante del día— mientras que otras están acostumbradas a verlos frecuentemente con esta función. Al fin y al cabo conozco a gente que, a día de hoy, se «desayuna» antes de ir a currar un carajillo, un chupito (o dos) de hierbas y un porro. Pero sinceramente pienso que los elementos —sobre todo «bebibles»— que les traigo hoy por aquí también representan, por diversos motivos, una época dura y a unas gentes humildes a las que a veces tendemos a mirar por encima del hombro, algo señalado por investigadores actuales como Owen Jones en su ensayo La demonización de la clase obrera. Por otro lado cualquier interesado en la disciplina histórica sabe que todos los elementos culturales (como por ejemplo lo que se come y ya puestos lo que se bebe) sirven para comprender mejor el periodo en el que se inscriben. Y finalmente hablemos de humor: este artículo está escrito en tono distendido porque como se señala en una de las obras cumbres literarias del siglo XX, El nombre de la rosa, lo serio hay que tomárselo en broma. Por tanto, al modo de un cabaret berlinés de los años 20 del siglo pasado, uno de esos lugares inmejorables para describir la realidad, les digo: Meine Damen und Herren, willkommen! hoy vamos hablar de pócimas como el «Revuelto», el «Sol y Sombra», el «Trifásico», el «Carajillo», el café torrefacto y la leche en polvo. Mejor no tomárselo todo de golpe porque puede sentar mal.

Botella clásica de anís. Con una llave no, pero con una cuchara y rozando el cristal como acompañamiento, he oído cantar jotas «subidicas» de tono. Imagen licencia Creative Commons (vía DuckDuckGo a lacienciaysusdemonios.com)

REVUELTO:

Por cosas de la vida, mi padre acabó criándose en el bar de unos tíos suyos durante los años 50. Consciente como soy, y como cantaba Gabinete Caligari, que la expresión «bares qué lugares» es acertada, muchas veces le insisto para que me cuente historias del lugar y de sus gentes. Como decía, tiempos duros en los que muchos se quedaban en el camino, mientras que otros necesitaban de, al hilo de otra canción, pequeñas tretas para continuar en la brecha. Se abría mucho antes de que saliera el sol, y por allí encontraban refugio tempranero del frío, del calor y de la soledad gentes que luego se iban a deslomar para ganar cuatro perras. Estaba también el viajante, permanentemente en las carreteras de entonces que muchas veces eran sentencias de muerte (¿cuantos no cayeron de entre los famosos como Nino Bravo o Luís Martín Santos, por citar un par, o de los innumerables anónimos?) o, caso de sobrevivir hasta la vejez (que llegaba bastante antes que ahora), percibir tarde una vida en gran medida perdida por estar alejada de los tuyos como nos enseñó Arthur Miller en Muerte de un viajante. Las cinco de la mañana de un bar de esquina de barrio también era —y es— refugio rápido y efímero de quienes tienen trabajos duros físicamente y por tanto y también en ese sentido, mentalmente: el albañil, el operario de fábrica, el barrendero. Una bebida fuerte que calienta, enfría (con hielo, por favor) y despierta es muchas veces la elección para perfiles entre los que era (y es) habitual dormir poco para despertarse a golpe de timbre y salir a puestos en los que acompaña el mucho frío o el mucho calor.

Planta de anís o Pimpinella Anisum. Si se ingiere se oyen voces en la cabeza que discuten y dicen cosas como ¿quien es? soy yo.

El revuelto es basicamente anís al que se le suma vino dulce de tipo moscatel o rancio. Claro, eso despeja a un muerto aunque pueda contribuir a convertirte en uno y es que vivimos en una sociedad de contradicciones. Las plantas que dan lugar a los licores anisados (que tienen anetol, como el anís verde —Pimpinella Anisum—, el estrellado —Badián, que cuenta con variedades directamente venenosas— o el hinojo) tienen propiedades curativas conocidas desde antiguo, por ejemplo para evitar cólicos y flatulencias (sí, pedos) como queda de manifiesto en el conjunto de leyes, entre las que se encontraba lo que se debía cultivar en los jardines reales, establecidas por Carlomagno a caballo entre el siglo VIII o IX (Capitulare de Villis Vel Curtis Imperii). Como suele ser habitual, las bebidas fermentadas tienen una serie de efectos que compensan negativamente a los beneficiosos, de modo que estas plantas son mejores para la salud en otras modalidades que no impliquen alcohol, pero este no deja de ser una droga, la cual hablando en términos generales tiene demanda en parte por una vida tan sujeta a frustraciones y presiones como la que mucha gente lleva (y en la España de los cincuenta ni les cuento). Calentarse, intoxicarse y ¡hala!, a cavar zanjas era una escena que se veía bastante en el bar.

Sol y Sombra en copa de Cognac. Yo con uno ya voy buscando la sombra. Licencia Creative Commons en Wikicommons por Didier Descouens.

SOL Y SOMBRA:

Repetimos con el anís, en este caso siempre dulce, que constituirá la parte «sol» de esto que para mi es una bomba aún después de haberme zampado dos lasañas juntas, maridado con un brandy que es la «sombra». Basicamente es un primo hermano del revuelto, porque el brandy (muchas veces identificado con una denominación de origen, la francesa Cognac), no deja de ser licor de vino en una fermentación, que suele ser doble, previa al envejecimiento. Es lo que se llama «vino de quema» y, maravillas de la etimología, por lo visto era bastante frecuente exportarlo hace siglos a la zona de los actuales Países Bajos, de modo que por una deformación del neerlandés el término Brandewijn (literalmente «vino quemado») acabaría convirtiéndose en la palabra brandy que conocemos (¡viva el lenguaje!) y que, según la legislación europea actual, pueden utilizar para etiquetar su producto algunos destiladores de la mencionada Cognac, Armagnac (también en Francia) y Jerez de la Frontera en España. Como otra nota filológica podemos añadir que no todos los vinos de esta zona española son del tipo brandy, claro, pero la afición de los británicos por los caldos del lugar (por ejemplo los ensalzaba Alexander Henderson ya a comienzos del siglo XIX en History of Ancient and Modern Wines) acabo definiendo el vino de allí como Sherry, que es como llaman a Jerez, a veces ayudados en la pronunciación por un par de copitas.

Huelga decir que este tipo de productos tienen una calidad muy diversa, puesto que al fin y al cabo —como en todo lo demás— las drogas de los ricos y de los pobres no son iguales. Un chorrito de Carlos III podía ser en el bar de mi familia para cuando alguien, de vez en cuando, se quería dar un lujo. De ahí para abajo. Licores con más solera (tiempo en la barrica después de la fermentación) ni se tenían, ni se contemplaban, ni —por supuesto— se pedían.

El carajillo, tan pequeñín y tan famoso. Licencia Creative Commons por Shht! en Wikipedia.

CARAJILLO

El epítome de lo que se ha definido de unos años a esta parte como «cuñadismo» (opinar de tó sin saber de ná, como podría decir una copla) incluye esta bebida: «pídete otro carajillo y sácate el palillo de la boca, cuñao«. Lo habrán oído en muchas ocasiones, y en unas cuantas de esas seguramente dicha por alguien no muy versado en lo que dice. Y es que ya se sabe que «dime de lo que presumes…» Sea como sea aquí introducimos el factor café, que también puede ser de calidades muy diversas normalmente relacionadas con su precio. En definitiva un carajillo no es más que café con licor (en principio cualquiera, aunque yo que sé, con absenta —que es una especie de anís «ciclado»— no lo he oído nunca y yo desde luego no lo haría) y aunque se suele identificar por algunas corrientes culturales —curiosamente a veces antagónicas— como símbolo de españolidad, en realidad es una bebida muy frecuente en muy diversas tradiciones. Al fin y al cabo con grappa es habitual en Italia (allí al carajillo se le llama caffè corretto, es decir, «corregido») con ron en Cuba, mientras que con whisky en ámbitos más anglosajones. Por cierto que el carajillo tiene la variante chic de quemar el licor antes de mezclarlo con el café, aunque depende del tipo del destilado y la variedad del café yo tendría miedo de que eso no acabara como un cóctel… Molotov. La etimología también es interesante porque se cuenta que se ofrecía a los soldados españoles en la guerra de Cuba, se debate si sobre todo con ron o con brandy español, para infundirles valor o —en diminutivo— corajillo, palabra que acabaría cambiando una letra para convertirse en la actual. Y hablando de Cuba, seguramente habrán oído la expresión «más se perdió en Cuba» para relativizar una desgracia, pero no se suele recordar que la frase se completa con «…y volvieron cantando», lo cual tiene derivadas interesantes.

Leche en polvo formato spam, spam spaaaaaaam, spam, spam, ¿spam? que dirían los Monty Python. Imagen con licencia Creative Commons por Oxfordian Kissuth en Wikicommons

Hablando de café. En España, y esto es bastante frecuente en generaciones de la posguerra, se puso de moda el conocido como Torrefacto, que no deja de ser un tueste de café con azúcar el cual —por las altas temperaturas del proceso queda adherido al grano. Es una forma de elaboración que puede disimular más un café de baja calidad, con poco aroma y peor sabor usando al fin y al cabo uno de los reyes de entre las drogas legales como es el azúcar, que afecta a la química del cerebro y tiene su síndrome de abstinencia partícular (algo que también se podría decir del café, por cierto). Los productos alimenticios de baja calidad son muy típicos de sociedades en crisis o deprimidas, como fue en gran medida la franquista, ya que la economía no da de sí para garantizar la alimentación adecuada de toda la población ni mucho menos. De ahí que sean especialmente consumidos productos más baratos, con sus truquis, entre los que puede estar la variante torrefacto en el café, así como la leche en polvo o la condensada.

No es pasta de dientes, es leche condensada. Imagen con licencia Creative Commons por Superbass en Wikipedia (IN)

Esta última no deja de ser también meterle bien de azúcar al producto lacteo y es la base de otra modalidad de café, el bombón, mientras que la primera se consumió bastante en nuestro país a resultas de su llegada a «carretadas» por los acuerdos comerciales —en gran medida derivados de los militares— de Estados Unidos con el dictador Franco en los años 50. Al fin y al cabo la leche en polvo y la condensada tienen una conservación mucho más larga que la leche fresca (claro) y la mortalidad infantil de la época no era como para celebrar nada, con años en los que se habla de treinta veces superior a la actual, así que la leche en polvo (junto a otras ideas de salubridad más dudosa para infantes como el vino con azúcar o la cucharadita de aceite de ricino) fueron bastante conocidas por los niños de esa época. En su origen sus inventores —el neoyorquino Gail Borden para la modalidad «condensada» y el ruso Osip Krichevsky para la variante en «polvo»— estaban preocupados por hacer llegar la leche a más sectores poblacionales. Aunque en ese sentido estamos hablando del siglo XIX y ahora hay un debate en el mundo de la nutrición acerca de si compensan los beneficios del consumo de lácteos —más allá del periodo de lactancia— sobre sus perjuicios como posibles digestiones problemáticas y presencia de grasas. Los tiempos cambian.

Un trifásico. Aquí el nombre no tiene mucho misterio. Licencia Creative Commons por State of Chaos en Flickr.

TRIFÁSICO:

Y hablando de carajillos y leches no podemos acabar de otra manera que con el trifásico, el cual no es más que ¡chan chan! un carajillo con leche, en principio en tres partes iguales, de ahí el nombre. A mi particularmente esto de mezclar el café con tantas historias (incluyendo el agua-hielo en su versión ahora cambio climático mediante, del verano perpetuo) me parece un poco «no me gusta el café, pero necesito la cafeína, así que le pongo bien de azúcar y leche así que tomo una especie de magdalena líquida azucarada que me va a mantener despierto. Algo que no es una crítica al que lo hace sino tal vez una indicación sobre por qué, tal vez, lo hace. Mientras tanto eso de los desayunos pausados, con su fruta ecológica, sus productos de primera y, si se quiere dar un toque de distinción etílica, su sorbito de champagne, quedan habitualmente para los que no se tienen que levantar a las cinco a currar. Igual los tiempos no cambian tanto.

A mis padres, por sus recuerdos compartidos (en todos sus formatos) conmigo.

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¿QUIERE SABER MÁS?

-Artículo sobre el «vino quemado» o brandy:

https://www.mivino.es/noticia/62/destilados/19239/brandy-nuestro-vino-quemado-en-barril

-Artículo que se hace eco del debate beneficios-perjuicios de la alimentación con lácteos:

https://mejorconsalud.as.com/los-lacteos-son-malos-para-la-salud/

-Artículo sobre la leche en polvo y su función en la posguerra:

-Artículo sobre el Torrefacto y su relación habitual con café de más baja calidad:

https://www.eldiario.es/consumoclaro/beber/cafe-espana-bar-mal-sabor-torrefacto_1_3638248.html

-Artículo sobre el revuelto:

Autor del artículo

Víctor Deckard

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