PUBLICACIONES DE ANTAÑO: «Calvin y Hobbes» (1985-1995). Filosofía y existencialismo «para niños»

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Normalmente las tiras cómicas de los diarios no suelen tener una gran valoración —digamos— artística. Tampoco es que ayude el hecho de que algunas de las que más pueden verse tengan un humor tan blanco que podría hacerse una colada de ropa interior con ellas sin miedo a que nada destiña, siendo un ejemplo paradigmático Fred Basset, en cuyas viñetas es habitual que literalmente no suceda nada. Sin embargo, como en tantas otras cosas, seríamos injustos si metieramos todo en el mismo saco. De hecho nuestro país tiene en su haber viñetistas de empaque como Forges, El Perich, Gila, Peridis, El Roto o —¿por qué no decirlo?— el Señor Macue, de quien podemos enorgullecernos por poder publicar en Podcaliptus. En unos pocos trazos nos situan frente al espejo de una sociedad que todavía tiene muchos asuntos pendientes que resolver. Es algo que nos recuerdan estos grandes humoristas provocándonos en no pocas ocasiones una sonrisa amarga al usar la comicidad —tan poderosa— como denuncia social y obligándonos a observar, parodiándolo, aquellos elementos de la existencia tanto individual como común sobre los que no viene nada mal reflexionar.

Placa homenaje a «El Perich» en Barcelona. La figura del gato como motivo en el humor gráfico ha sido muy enriquecedora. «Garfield» tal vez sea el más famoso, pero hay otros maravillosos como Fat Freddy de Gilbert Shelton y Watterson se inspiró en una gata con la que vivió, Sprite, para el diseño y actitud de Hobbes. Imagen por Enfo en Wikicommons

En el ámbito internacional ha habido también grandes exponentes del género, quienes han tenido que luchar para poder desarrollar su labor creativa, por un lado, contra las constricciones estilísticas de un formato en el que disposición y extensión dependen en gran medida y más que en otro tipo de soporte de los editores de las publicaciones, amén de las presiones de estos por desarrollar un contenido que pueda llegar a un público ámplio. De este modo las publicaciones tienden a premiar el humor neutro y por tanto en gran medida insulso. En el otro extremo tenemos las viñetas o tiras para un público muy alineado con una determinada posición política, de modo que se suele meter mucha caña a los «otros» pero sin poner en solfa la viga en los ojos de los «propios».

Imagen de Krazy Kat. Dominio público

Por todas estas consideraciones de forma y contenido, en el ámbito del humor gráfico para publicaciones periódicas brillan con luz propia aquellos que logran ser valorados por conseguir sortear todas estas dificultades. En ese sentido uno de los mejores exponentes con mayúsculas del «Artista» es, en mi opinión Bill Watterson, fundamentalmente conocido por su obra «Calvin y Hobbes». Yo lo descubrí por el suplemento dominical dedicado a los niños «Pequeño País» (1981-2009), añorada sección del diario «El País» que tuvo a bien publicar personajes como «Mot» (Alfonso Azpiri), «Yo, dibujante al por mayor» (Vázquez), «Miguelito» (Romeu), Astérix (Sempé-Goscinny), «Doña Urraca» (Miguel Bernet) o «Los Pitufos» (Peyo), por citar algunos de los más representativos tanto en el ámbito español como de fuera de nuestras fronteras. Cada una de las historias señaladas merecerían un artículo —incluso un libro— desgranándolas o analizándolas (¿qué decir de Vázquez, cuyas andanzas incluso se reflejaron en una película?) pero desde la primera ocasión en el que el dominical para niños cayó en mis manos, sentí una atracción especial por los protagonistas del artículo de hoy: los personajes Calvin y Hobbes, quienes cada semana me sorprendían con historias aparentemente simples pero que demostraban un profundo trasfondo filosófico, cultural e incluso —sin caer en partidismos— político.

Exposición dedicada a «Calvin y Hobbes». Imagen por LCharrault en Wikicommons

Efectivamente, como integrantes principales de las tramas vamos a tener al niño Calvin, nombre adjudicado en referencia al teólogo protestante —es decir creyente en la predestinación— Calvino, siempre despeinado y de forma casi constante con su camiseta de rayas, y a su amigo tigre Hobbes, bautizado por el pesimista filósofo del mismo nombre y visto por el primero con elementos antropomorfos (bipedismo, capacidad de manejar objetos con sus «manos», capaz de una inteligente y un tanto cínica conversación) mientras que contemplado por todos los demás, sobre todo adultos, se convierte en un simple tigre de peluche. Este es uno de los elementos clave de la tira: el juego de un mundo imaginado, y por tanto tal vez más real, que el percibido por el resto de personajes quienes buscan con mayor o menor éxito seguir las convenciones sociales y ¿quién sabe?, tal vez incluso más real que el experimentado por los propios lectores en sus vidas cotidianas. A partir de aquí Watterson desplegará toda una serie de tramas maravillosas en las que los dos protagonistas reflexionarán, recordemos en una viñeta pensada para un público infantil —pero no por eso idiota— sobre lo divino y lo humano.

Calvino y Hobbes representados como los personajes que inspiran en la obra de Watterson. El carro, junto al trineo, es uno de los vehículos que usan los protagonistas mientras filosofan, a veces con trágicos resultados. Imagen por Greg Williams en Wikicommons.

Y es que filosofía, incluida la más existencialista va a estar presente en la obra. Para el recuerdo momentos como:

CALVIN (mirándose al espejo): -¡Sí señor! Hecho a imagen y semejanza de Dios.

Hobbes (con cara de circunstancias): -Dios debe tener un sentido del humor muy idiota.

Otra ocasión para el recuerdo emotivo es cuando la pareja protagonista se encuentra un pájaro malherido y ni siquiera «mamá» puede salvarlo. Ante la angustia vital del niño, su madre le contará que no tenemos todas las respuestas, pero que tenemos que vivir con lo que tenemos aceptando nuestra ignorancia. Un enfoque realista (los niños también se preguntan por la muerte) y sincero. Es lo que hay, la ausencia de certezas ante el sentido de la vida en estado puro. La filosofía será una temática recurrente también en otros contextos, como cuando los protagonistas van en trineo o en un carro, deslizándose por laderas mientras se plantean incógnitas tratadas durante toda nuestra historia como especie, como a donde nos llevan nuestras decisiones propias, de existir estas, claro. Deliciosas son también las tramas en las que aparece el juego inventado por nuestros amigos, el «Calvinbol», que es un alegato por salirse de las normas estrictas y de la competitividad a la que en numerosas ocasiones nos atrae nuestro modelo social.

Hombre de nieve realizado a imagen y semejanza, no creo que de Dios, pero sí de uno realizado por Calvin en una de las tiras. Imagen por FlorianKilzer en Wikicommons

La teoría del arte también ha servido al autor para reflexionar sobre la misma esencia artística (por ejemplo con los muñecos de nieve que realiza el niño y que a veces trata de vender como arte «efímero»), o sobre posicionamientos políticos, como en la ocasión en la que lo ve todo desde una perspectiva cubista y eso le angustia porque lo «cómodo» es tener una único punto de vista. Otras muchas ideas —algo meritorio para la breve historia del cómic pese a su exíto— han quedado para siempre en la mente de los enamorados por los personajes, como aquellas historias en las que Calvin fantasea con otros mundos (por ejemplo siendo el Capitán espacial Spiff) con dinosaurios, con ser un piloto de combate que destruye el colegio (algo que hizo que Watterson recibiera iracundas cartas de padres, pero ¿que niño no ha fantaseado con algo así? más teniendo en cuenta que Calvin, como otros muchos, tiene problemas en la escuela como el ser «zurrado» por el matón de clase) o ¿por qué no? directamente con dinosaurios pilotando aviones de combate («no puede haber nada mejor» dice el protagonista, y seguro que nosotros nos «montábamos películas» parecidas a su edad). Muy divertidas son también las interacciones de Calvin con su vecina Susie, niña que casi siempre demuestra tener más cabeza que él y que es la causante principal de que los dos protagonistas monten el club A.S.C.O. u «Asociacón Sin Chicas Obtusas», cuyos enrevesados planes casi siempre acaban en desastre pero cuyos cargos («Dictador Vitalicio» para Calvin y «Primer Tigre» para Hobbes) son memorables teniendo en cuenta las características de la organización. La edad, ya saben.

El «Dictador Vitalicio» y «El primer tigre» del club A.S.C.O. en una de sus tropelías. Algunas de estas tramas acaban en escisiones porque Hobbes es acusado de confraternizar con el «enemigo». Foto propia de la portada.

La aspiración de Watterson de mantener su control creativo para desarrollar todo el potencial de la tira no puede calificarse de hipócrita. Luchó muy duramente para que el editor que le licenció la obra no desarrollara una comercialización de productos derivados, lo que ha hecho que perdiera millones de dólares con el éxito de sus dibujos, pero es un precio que ha estado dispuesto a pagar para que no se rompiera su magia. Si se venden peluches de Hobbes —ha declarado en alguna ocasión— se perdería el acuerdo tácito con el lector de que el tigre puede ser un peluche pero también un divertido y algo cascarrabias ser parlante. Si se hace animación con los personajes, ¿no perderíamos su comunión con nosotros al escuchar una voz que no es la imaginada en nuestras cabezas? No necesariamente tenemos que estar de acuerdo con él en su visión, pero lo que desde luego nadie le puede negar es que la ha llevado hasta sus últimas consecuencias. Mientras tanto, ha ganado tal vez algo más valioso que el dinero: tiempo para vivir tranquilo. Tras años de éxito con sus dibujos, sufrió el estrés que conllevan los plazos y las constricciones impuestas por los editores, de modo que se acogió a dos periodos sabáticos (el primer parón le sirvió para renegociar el formato de las planchas dominicales, logrando que fueran más flexibles para con sus ideas estéticas) y finalmente se retiró con el dinero suficiente, tal vez no para ser millonario, pero sí para vivir tranquilamente en un pueblo lejos de entrevistas y de presiones (el ponerse en contacto con él incluso provocó la realización de un documental, «Dear Mr. Watterson», en 2013). No parecen importarle mucho los premios, aunque ha sido de los pocos estadounidenses en ganar el Grand Prix del Festival Internacional del Cómic en Angoulême (los otros son Will Eisner, Robert Crumb, Art Spiegelman y Richard Corben). En la última viñeta de nuestros amigos, «un mundo mágico» como dicen, se abre ante ellos. «Vayamos a explorarlo» es su reflexión final.

Ahí fuera hay «un mundo mágico». Reflexión que supone el último regalo de Calvin y Hobbes. Foto propia de la portada.

Más allá de las publicaciones en periódicos que licenciaban la tira, «Calvin y Hobbes» ha aparecido en varios formatos. Por un lado, toda la colección ha sido publicada en inglés en edición de dieciocho tomos o de ocho (el primero The Essential Calvin & Hobbes en 1988 y el último It’s a Magical World en 1996), que han sido editados en castellano por Ediciones B, aunque en el caso hispano no siempre con el orden cronológico de su aparición estadounidense. Esta última editorial también sacó previamente treinta números en tapa blanda (colección Fans) de 60 páginas que también abordaba toda la colección. Posteriormente en inglés también apareció una publicación de tres tomos, The Complete Calvin and Hobbes (2005) y en ambos idiomas contamos con un tomo, titulado en castellano «Este no es el décimo aniversario de Calvin y Hobbes», de especial interés ya que las tiras se combinan con textos del autor en el que explica su proceso creativo, sus influencias (fundamentalmente Peanuts —Charlie Brown—, Krazy Kat y Little Nemo) y divertidas anécdotas (como las cartas de padres «cabreados» o las que le suministraban más información taxonómica «de la que hubiera querido» cuando dedicó una historia a una redacción que Calvin tenía que hacer sobre murciélagos). También en España ha aparecido una edición bilingüe de las tiras, con diferencias como el coloreado que se dio en nuestro país. Como dato curioso, entre las escasas licencias con las que cuenta su obra, Watterson cedió los derechos para un libro de educación infantil titulado Teaching with Calvin and Hobbes que, por su caracter límitado, es un objeto de coleccionismo que puede alcanzar precios de miles de dólares.

El astronauta Gene Cernan con un peluche de Snoopy. El «extraño mundo de Snoopy» (Peanuts) en palabras de Watterson, también le sirvió de inspiración para «Calvin y Hobbes». Imagen de Dominio Público

En definitiva, Calvin y Hobbes es una tira que demuestra varias cosas. En primer lugar que el formato también puede ser soporte del Arte en mayúsculas, que las obras destinadas principalmente a un público infantil pueden dar cabida a temas profundos incluyendo el existencialismo o la filosofía en general y que, en relación con lo anterior, si no perdemos lo mejor de nuestro carácter infantil, podemos explorar un mundo mágico aunque no tengamos todas las respuestas. Por mi parte solo puedo añadir: muchas gracias Calvin y Hobbes, os necesito a ambos.


GALERÍA FOTOGRÁFICA

Tomo Essential de la colección estadounidense con prólogo de Schulz. (Cortesía de Bor Ralleira)
Portada de la colección Fans de Ediciones B. Cortesía de Manuel Rodríguez (responsable del blog «Universo de Ciencia ficción»)
Fotos de la colección completa en ocho volúmenes de Ediciones B. En el de la derecha Watterson da numerosos detalles de su obra. Imágenes propias de portadas.
Tomos en apaisado de la colección de Ediciones B. Para los movimientos de Hobbes, por ejemplo en sus «cariñosos» recibimientos o sustos a Calvin, Watterson se inspiró en su gata Sprite. Fotos propias de portadas.

¿QUIERE USTED SABER MÁS?

-De especial interés es el tomo «Esto no es el décimo aniversario de Calvin y Hobbes», en el que Watterson desgrana numerosos elementos del proceso creativo de la tira y en general de la publicación de tiras cómicas en diarios.

-Artículo homenaje a «El pequeño país» en «Libro de notas»:

https://librodenotas.com/opiniondivulgacion/15818/un-pais-de-domingos-grises-se-nos-fue-el-pequeno

-Ficha en Filmaffinity del documental Dear Mr. Watterson:

https://www.filmaffinity.com/es/film600110.html

-Página del museo Reina Sofía en la que se puede descargar el catálogo de la exposición dedicada a «Krazy Kat», una de las inspiraciones de Watterson:

https://www.museoreinasofia.es/publicaciones/georges-herriman-krazy-kat-es-krazy-kat-es-krazy-kat

-Podcast de «Charrando de tebeos» sobre Fred Basset y sobre «Calvin y Hobbes». Ambos programas muy recomendables:

https://www.ivoox.com/charrando-tebeos-episodio-88-fanegas-del-comic-audios-mp3_rf_19780031_amp_1.html

https://www.ivoox.com/charrando-tebeos-episodio-30-calvin-hobbes-audios-mp3_rf_1877195_amp_1.html

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Autor del artículo

Víctor Deckard

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