Lugares de antaño: Pub «el Zorro» (Zaragoza, 1984-2021)

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Como comentaba en el artículo dedicado a «La casa del cine», en España no faltan bares. Somos una sociedad en gran medida orientada hacia el turismo y la hostelería, algo que tiene ventajas pero también numerosos problemas que no es lugar para desgranar. También ocurre, sobre todo en zonas con muchos visitantes, que en numerosas ocasiones la calidad del servicio deja bastante que desear y en ocasiones han tenido que venir ciudadanos chinos a regentar bares para que —gracias a ellos— podamos disfrutar de un aperitivo con el que remojar la caña de cerveza. Por lo tanto, tenemos mucha hostelería, pero establecimientos de calidad aunque «haberlos haylos» no son tantos. Si además hablamos de locales en los cuales se hace una apuesta decidida por ser un espacio de promoción y disfrute cultural, el número es aún más reducido. Este artículo surge como homenaje a uno de esos que era bar pero además lugar de celebración de la cultura: «el Zorro» en el emblemático Centro Comercial Independencia o, como lo llama cualquier oriundo de Zaragotham, «el caracol».

Entrada al Centro Independencia («El caracol»). Imagen propia.
Interior del Caracol con su característica rampa. Ahí nos poníamos apoyados los chavales para «ligar». Imagen propia.

Ambos espacios, el Zorro y el caracol han ido unidos desde sus comienzos en 1984, año en el que se inauguraba el segundo y en su interior abría las puertas el primero. Yo contaba con seis añitos y el centro comercial era uno de esos lugares en los que nos encontrábamos —aún lo hacemos aunque en menor medida— los zaragozanos. Cuando vengáis a la ciudad, preguntadle a cualquiera si ha quedado en El caracol, en las escaleras de la Diputación Provincial o en los cañones de Glorieta Sasera: seguramente os devuelvan una sonrisa con gesto afirmativo. En cualquier caso, numerosos recuerdos de mi infancia están vinculados a este espacio. Por un lado, ha sido uno de los sitios tradicionales de llegada a la ciudad de los Reyes Magos, de modo que los niños hacíamos cola pacientemente para entregarles nuestra carta (en la que en mi caso nunca faltaba algo de los Playmobil). También era el lugar donde llegaron a haber nada más y nada menos que tres salones recreativos ¡qué lugares! los cuales eran conocidos entre la chavalada como los de «arriba», los de «en medio» y los de «abajo». Allí vimos máquinas que se convirtieron en míticas como «Sunset Riders» o el «Street Fighter 2» por citar un par de las muchas que nos anclaron a esos sitios horas y horas. También quedábamos en el lugar un grupete de amigos en esa complicada edad entre el colegio y el instituto para conocer chicas de nuestra edad. Vamos, que nos poníamos en las barandillas de las rampas y pasábamos el rato mirando a las niñas que hacían lo mismo que nosotros. Risas, miraditas, alguna amargura «amorosa», e incluso alguna amistad adolescente surgió en esa ingenua red social de la época. A las cinco y media en el caracol era ya un código de encuentro los fines de semana. A horas más intempestivas también iba con mis padres, quienes gustaban (aún lo hacen) de salir a cenar el sábado por la noche, por ejemplo al «Hamburgo’s» (cuanto hizo el genitivo sajón por la hostelería española, en este caso de los ochenta) que también se encontraba allí o también de ir al cine, por ejemplo a las salas «Aragón», ubicadas en el centro comercial. En todas esas situaciones, desde muy pequeño, me llamaba la atención un bar que estaba en un pasillo y no tenía vistas al interior. Efectivamente, era el Zorro y mis padres me han contado que estuvieron en su interior alguna vez tomando alguna copichuela sin mi.

Entrada a el Zorro con su decoración exterior más reciente. Imagen propia.
Aún se conserva la entrada a los salones recreativos de «en medio», prácticamente al lado de el Zorro. (Imagen propia)
Acceso al Centro Comercial Independencia por la entrada más cercana al Zorro. Era la zona de «fumeque» para mucha gente porque da a la calle. (Imagen propia)

Poco a poco o rápidamente según como se mire, ya lo sabéis, pasan los años. Tus prioridades cambian y tus gustos también. Dejas de ir a los recreativos, además llega internet, y como pasaba con «La casa del cine» un día alguien te dice que tal sala o tal otra ha cerrado (por ejemplo cuando me dijeron «en el Caracol solo quedan los de abajo» —aunque ya ni estos—), vas al cine incluso solo porque tienes la afición desde crío (muchas películas fui a ver así a los «Aragón», recuerdo —quien sabe porqué— «Juana de Arco» de Luc Besson) y ya quedas a otras horas en otros espacios «para conocer chicas». De repente un día te encuentras abriendo con un par de amigos la puerta de el Zorro para echar unas cervezas. Más discurrir del tiempo. Cierran los «Aragón» junto con otros cines emblemáticos de la ciudad. El Hamburgos’s aguanta, con un grupo de amigos muy aficionados al billar frecuentamos la sala Riviera, también allí y verdadera meca —otra que se quedó en el camino— de ese juego. Te das cuenta de que el Zorro tiene algo: junto con otros bares (hablaremos otro día de «El fantasma de los ojos azules») es especial. Hay actuaciones en vivo de muchos tipos, pero también instalaciones artísticas incluso con gente que ha trabajado con la «Fura dels Baus», por hacernos idea del nivel, o representaciones teatrales. En definitiva actividades que elevan el lugar al Olimpo de lo que para mi es un lugar de encuentro: un sitio que disfrutar con amigos, tal vez conocer gente interesante y disfrutar de la cultura en un sentido amplio.

Más tiempo y la corriente de la vida te lleva a nuevos continentes existenciales. Otras relaciones, me voy de Erasmus. Alguien me dice «mantendrás el contacto con quien conozcas allí un par de años y luego os separaréis». Efectivamente, encuentro gente, pero más de diez años después algunos de ellos siguen siendo de mis mejores amigos. Vienen a verme para los siguientes Pilares, unos pocos meses después de que termináramos la beca. ¿Dónde vamos con ellos? El primer bar al que acudimos cuando salimos de casa es el Zorro. Buena música y espacio para sentarse con los colegas compartiendo recuerdos, risas y proyectos. Sigo teniendo fotos del momento. Hay alegría en torno a una mesa con muchas cervezas junto a la colorida decoración del interior. Cenamos en el Hamburgo’s que aún está. Unos días que siempre guardaré.

Detalle de la decoración del interior (imagen propia, tomada una de «esas noches»)

El Zorro sigue siendo un lugar al que ir. Otras noches con más amigos, como una en la que escuché allí una de las mejores sesiones de música electrónica de mi vida (incluyendo las que disfruté en Alemania). Más risas. Allí me tomé algo después de la presentación del primer número del fanzine «Los diletantes» en el negocio de cómic «El coleccionista». Ambas, tienda —que un tiempo estuvo en El caracol— y revista, premiada en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona, ya son partes integrantes del legado cultural de Zaragotham. Ha caído el Hamburgo’s, que ya no frecuentaba mucho porque me he hecho vegetariano (las vueltas que da la vida), pero me da pena. El Zorro sigue estando a tope, conoce una nueva época dorada y se puede disfrutar de música, como el funk, que no es frecuente oír en otros sitios. Me presentan al nuevo dueño y me cae bien. Aún queda un refugio en la ciudad y en «El caracol» sigue habiendo sitios de interés: está «Star Games» con entre otras cosas sus videojuegos retro y la amabilidad siempre de su propietario, así como la mítica tienda musical «Linacero» que ha dejado otros emplazamientos para abrir allí. El centro Independencia, aún en su humildad, resiste a los más impersonales y gigantescos espacios de las afueras.

Cartel de sesión Reggae en El Zorro (imagen marcada Creative Commons en reggae.es

Llega 2020, el año que cambia tantas cosas. Se dice que hay una especie de gripe en China. Me acuerdo de la variedad que se subtituló como «aviar» unos años antes y no me preocupo mucho. Hay bromas con mi familia y amigos: «otra vez vamos a acumular unas vacunas que no sirven para nada». Tal vez alguno de estos comentarios los hicimos en «El zorro». No lo sé pero es posible. El resto ya lo sabéis. La riada que se ha llevado tanto y a tantos. Entre ellos el bar que hoy homenajeo aquí. La perdida ha sido reciente y hay muchos ánimos de que esa mítica puerta con ojo de buey vuelva a abrirse. Si eso ocurre, volveré por allí y lo contaré con alegría por aquí. Mientras tanto, gracias por todo, zorrito.


¿QUIERE UD. SABER MÁS?

-Noticias que se hacen eco del cierre de «El Zorro»:

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2021/10/24/el-zorro-zaragoza-conciertos-cierre-1528628.html?autoref=true

-Noticia sobre el rechazo de «El Zorro» a contratar a un miembro de Hombres Mujeres y Viceversa, algo que se viralizó (y que demuestra que en el local se promocionaba el arte, no otras cosas por desgracia ahora muy frecuentes):

https://www.lavanguardia.com/television/20190416/461693192797/bar-copas-rechaza-tronista-myhyv-ivan-dignidad.html

-Episodios de Podcaliptus sobre Arcades y salones recreativos en los que mencionamos «El caracol»:

https://www.ivoox.com/podcaliptus-con-hielo-20-los-videojuegos-arcade-de-audios-mp3_rf_71883200_1.html

https://www.ivoox.com/podcaliptus-con-hielo-11-recreativos-lugares-historia-audios-mp3_rf_28117355_1.html

-Noticia que se hacía eco de la presentación de Los Diletantes en El caracol:

https://www.xn--vietario-e3a.com/los-diletantes-nuevo-fanzine-en-zaragoza/

Autor del artículo

Víctor Deckard

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