Un recorrido por la «Fantastic Factory»(2000-2006) ¿Se recuperó el «fantaterror»?

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La «Fantastic Factory». He visto todas sus películas y he perdido 1D6 de cordura. ¿Ha merecido la pena? En realidad esta productora derivada de la clásica distribuidora Filmax ha recibido todo tipo de consideraciones, desde tomadura de pelo hasta una gran idea que fue una pena que se perdiera. Tal vez ambas sean correctas a su modo. Yo dividiría sus películas entre “comedias involuntarias” (género por lo demás muy disfrutable, aunque poco satisfactorio artísticamente para sus autores/perpetradores), películas que van de serias que son un rollo, y un par de buenas cintas (sobre todo una). «Disclaimer»: En primer lugar que no se me enfade nadie, que con esto del cine la gente tiene unas sensibilidades a flor de piel y la vida es muy corta como para estar enfurruñaos porque a alguien no le gusta lo que a uno; y, por otro lado, no voy a destripar las películas por si alguien quiere seguir la peligrosa senda para la estabilidad mental que he transitado. Pero bien, vayamos allá. Pasen, pasen. Entren libremente y dejen un poco de la felicidad que traen consigo. ¡Ah! como ya se sabe como funcionan los derechos de autor en este país, las fotos son o de Dominio Público, Creative Commons, o metáforas visuales que representan las obras tratadas para trolear un poco al canon digital, algo siempre de gustar.

Primero de todo, ¿qué fue esto de la Fantastic Factory? Pues una división de Filmax para producir películas de terror en España, con actores de aquí pero también de fuera, y rodadas en inglés con vistas a una proyección internacional. Como cabezas más visibles tuvo al productor Julio Fernández y a Brian Yuzna, durante un tiempo una de las figuras más reconocibles del cine sanguinolento de bajo presupuesto en gran medida por su colaboración con el gran Stuart Gordon.

Hola, soy Brian Yuzna. ¿Saben aquel que diu que es una peli de un perro que persigue gente y sale un señor que se llama Jacinto? Foto con licencia Creative Commons por Lonewolf en Wikipedia.

La idea en realidad venía a recuperar una vieja tradición del cine español y que ha dado grandes alegrías al aficionado: el Fantaterror. En cierta medida, el género fue una especie de refugio creativo durante tiempos duros y nos dio obras que han sido reivindicadas también en el extranjero. Por poner un ejemplo, el famoso director Eli Roth ha reconocido en alguna ocasión ser fan de “Quien puede matar a un niño” (Ibáñez Serrador, 1976). Incluso otras menos conocidas como “Pánico en el Transiberiano” (Eugenio Martín, 1972) son una joya, pudiendo disfrutar de gente junta de la talla de Christopher Lee, Peter Cushing o Telly Savalas (ver a este vestido de cosaco dando sablazos es un primor) e incluso totalmente desconocidas en la actualidad como “Una vela para el diablo” (mismo director, 1973). ¿Y qué pasó? Se cuenta que la Ley Miró de 1983 que asentó el sistema de subvenciones y que primaría un cine más “social” acabó con esta industria. Yo sinceramente no soy un experto como para dar una sentencia definitiva.

Christopher Lee y Peter Cushing en «Pánico en el Transiberiano». Parece que alguien se ha tirado un cuesquillo. Si no la han visto, resuelvan ese problema cuanto antes, se lo van a pasar pipa. Esta película es de Dominio Público.

Sea como fuere, con estos mimbres parecía un proyecto loable. El Fantaterror era añorado, recordado y, si se podía hacer negocio con una reactualización, pues «miel sobre hojuelas» que se dice, ¿no? Pues no, porque para abrir el proyecto llegó… “Faust: La venganza está en la sangre” (Yuzna, 2000). Tal vez el problema es que Brian Yuzna estaba ya en una trayectoria descendente en su carrera. A día de hoy siguen siendo muy reivindicables sus gamberras “Society” (1989) o “From Beyond” (1986, traducida aquí como Re-sonator para subirse al carro de Re-animator, que produjo: la verdad es que los distribuidores son unos cachondos en ocasiones). Faust entra de lleno en la categoría de comedia involuntaria, con unos escenarios en Barcelona que tratan de ser Estados Unidos que se ven raros, unos efectos que quedan de tienda de segunda mano y un guión que va provocando la incredulidad y poco a poco la algaravía por las risas en el espectador. A la sensación raruna, salpicada de carcajadas, contribuye un erotismo de lo más sonrojante y desmadrado, poco necesario para la historia. Si en la escala de “cine malote” “R.O.T.O.R” es un 10, Faust alcanzaría para el que suscribe un 8. No está mal por lo tanto para el despiporre, pero como negocio la botadura empezaba con vías de agua. Añadir que fue muy comentado el que le dieran el premio a los efectos especiales en el festival de Sitges.

Aquí un grabado de Fausto por Rembrandt. Disfruten de la imagen porque aunque es de Dominio Público al paso que vamos acabaran poniendo un Copyright de 1000 años para «proteger a los autores»

Bueno, cualquiera puede dar un traspiés. El problema es que el año siguiente hubo una de cal y otra de arena. Por un lado llegó “Arachnid” que trataba de ser más autoconsciente y no tomarse demasiado en serio. El problema es que es aburrida. Pertenece al manoseado y ya agotado en su momento género de bichos asesinos, pero ya había pasado el momento de las grandes pelis en ese sentido. Por supuesto está “Tiburón” y toda su “exploitation”, pero también otras como “Phase IV” (Saul Bass, 1974) o la -esta sí divertida y cercana- “Slugs. Muerte viscosa” (Juan Piquer Simón, 1988). Superar esos listones era complicado y no se logró. Incluso el director, Jack Sholder, siempre ha despotricado de este trabajo, señalando que el guión era un asco, que se la montaron casi a traición y que estaba bien vivir en Barcelona salvo por el hecho de que tener que trabajar en algo tan malo. Casi nada. Y es una pena, porque en su haber tiene maravillas como “The Hidden” (1987) y por otro lado su “Pesadilla en Elm Street 2 (1985) dio mucho de lo que hablar (si no conocen la historia investiguen, que tal vez les sorprenderá la alegoría detrás de esa obra).

Posiblemente Jack Sholder desarrolló aracnofobia tras su paso por la FF. Aquí podemos contemplar la anatomía externa de una araña. Licencia GNU free en Wikipedia.

Por suerte en el 2001 llegó la buena de Fantastic Factory. Casi me atrevería que como dice la canción, por esta “valió la pena”. Hay mucha gente que la considera una obra menor, pero que quieren que les diga: yo tengo debilidad por ella. Me refiero a “Dagon: la secta del mar”. Aquí fue el propio Stuart Gordon el que, apoyándose en el guionista con quien había trabajado en “Re-Animator”, Dennis Paoli, se desenvuelve como pez en el agua (permítanme la broma en una historia de seres anfibios) en uno de sus mejores contextos, el del universo de Lovecraft. Se suele decir que el escritor de Providence no es bueno, que sus personajes son planos y que juega mejor con la atmósfera que con la narrativa. Para mi hay cuatro obras que no encajan con esta teoría: “El color que vino del espacio”, “El extraño caso de Charles Dexter Ward” y las dos en las que se apoya la peli de Gordon, “Dagon” y la para mi mejor de Lovecraft, “La sombra sobre Insmouth”. A diferencia de con Re-animator, el guión no modifica sustancialmente la historia original, de modo que nos encontramos con una historia atmosférica, con una narrativa efectiva (no exenta de escenas prácticamente gore) y con el gustazo de que gracias al saber hacer de Gordon, se mezcla todo perfectamente en un entorno cercano que aquí no desentona: un pueblo gallego de grandioso nombre, Imboca (en definitiva, la traslación al castellano de “Insmouth”). Un gustazo para un admirador de Lovecraft como el que suscribe.

Hola, soy Lovecraft y no apruebo «Dagon» porque salen tetas

Por desgracia, la originalidad de “Dagon” no se mantuvo. La siguiente, “Darkness” (2002) representa para mi un ejemplo de lo insulso del cine más comercial dentro del ámbito del terror, lleno de sustos a golpe de ruido, casas encantadas por doquier con maldiciones que desfacer y pocas sorpresas. De modo que esta entraría en la liga de “seria pero aburrida” y por su falta de estímulos creativos se me hizo cuesta arriba. Una pena, porque el director, Jaume Balagueró ya ha demostrado que puede traer productos de lo más interesantes, ya fuera con Paco Plaza (quien saldrá más adelante en este artículo) en REC (2007, una pena que la segunda parte fuera un verdadero desastre antes de hacer un giro radical con la tercera) o en solitario con “Mientras duermes” (2011, inverosímil pero efectiva). Por desgracia “Darkness” no está entre sus mejores obras y la capacidad de sorprender es nula. Como curiosidad podemos ver en la misma cinta a gente como la ganadora de un Oscar, Anna Paquin, junto a Fele Martínez, quien durante un tiempo fue una figura muy reconocible en gran medida gracias a la meritoria reivindicación del género que fue “Tesis” (Amenabar, 1996).

Un cuadrado negro para representar «Darkness». Dominio Público, es un cuadrado negro. Aunque nunca se sabe.

Después de la oscura “Darkness” (je je) llegó la revisitación del universo “Re-animator” con “Beyond Re-Animator”, la tercera parte tras una continuación (“La novia de Re-Animator” Yuzna, 1990) que estaba por detrás de la gloriosa primera parte pero se dejaba ver. Esto igual es cuestión de expectativas, porque cuando introduje el DVD pensaba que me iba a encontrar como Kurtz con el “horror” pero en mal, así que tal vez por eso para mi esta es la otra “buena” de la FF. A ver, entendámonos. “Re-animator” es el nirvana, “Dagon” unas vacaciones en la playa y esto es andar por una acera en la que se ve de vez en cuando algún arbolico. Coge bien el tono de humor de la saga y le da un pequeño giro al ambientarse en un entorno nuevo. El problema está en que para que la productora hubiera podido sobrevivir este tendría que haber sido el nivel medio y no la excepción. En las curiosidades, señalar que podemos ver a Elsa Pataki, quien ya demostraba un muy buen nivel de inglés y está solvente en su interpretación y a Santiago Segura… haciendo de Santiago Segura. Las caras que ponía Jeffrey Combs y Jason Barry ante sus bromas en la presentación son todo un poema.

Stuart Gordon, el iniciador del universo fílmico de Re-animator. Que los dioses lo tengan en su gloria, un grande. (Foto CC por Damon D’amato en Wikipedia)

A partir de aquí no se levanta cabeza. Ya solo hay o aburrimiento o aprovechable, como comentaba desde el principio, comedia involuntaria. En el primero juega “Romasanta: la caza de la bestia” (2004) del ya mencionado y ocasional colaborador de Balagueró, Paco Plaza (quien ha tenido éxito recientemente con la para mi también insulsa y llena de clichés “Verónica”, 2017). Ya que estamos vean “OT: la película” (2002), que es un documental de Plaza y Balagueró sobre los primeros triunfitos y que da un poco de susto también. En lo soseras del último tramo de la Factory está también “La monja” (Luis de la Madrid, 2005, no confundir con la peli homónima más famosa del 2017). Como dice un usuario en FilmAffinity lo mejor de este título es recordar la infancia diciendo rápido “mon-ja-mon-ja-mon-ja-mon-ja…» ya saben. Por suerte, Yuzna vino, eso, involuntariamente, en nuestro auxilio para sacarnos carcajadas con “Rottweiler” y sobre todo con “Bajo aguas tranquilas”, ambas también del 2005. La primera nos presenta una España postapocalíptica (¡Guay! Me recuerda a un libro del juego de rol Cyberpunk 2020, el Eurosource) en la que -no sabemos muy bien el motivo- un perro aparentemente muerto no para de perseguir al prota. Los despropositos son continuos, los diálogos absurdos y los personajes se comportan como si estuvieran todos como un cencerro. Da para risas, el problema es que “de”, no “con”. Y aparece en uno de sus últimos papeles otro representante del Fantaterror patrio, Jacinto Molina (aka. Paul Naschy) quien a diferencia de Rabal, no tiene aquí espacio para destacar. Y acabamos por todo lo ¿alto? con “Bajo aguas tranquilas”. Tiene un meritorio 7-7,5 en mi reiteradamente señalada escala de pelis chungas, de modo que en ese sentido habrá gente para la que estará por encima de «Faust». En cualquier caso uno de esos regalos que ofrece la vida es el poder ver a David Meca (sí, han leído bien) y escucharle doblándose a sí mismo, o contemplar una escena con una fiesta de pueblo que deja atrás lo más sórdido que puedan imaginarse en una fiesta de pueblo (añadiré también en una fiesta “de ciudad”, que en estos tiempos como digo la gente está a la que salta). Añado emoticono para rebajar la tensión 🙂 Como dato decir que Ángel Sala, quien ha sido director del festival de Sitges, ha participado en tan ilustres obras (en la primera aparece acreditado como “script consultant” y en la segunda en “screenplay”, según «imdb» o «aiemdibi»).

En «Rottweiler» sale un perro. Este es más majo, posiblemente más digno de contemplarse que la película y es Creative Commons (por Poligraf Poligrafovich en Wikipedia). Bueno, la imagen, no el perro.

Y ya, estas fueron todas las películas de la Fantastic Factory. Creo que queda claro que en mi opinión el nivel medio no estuvo bajo las aguas, sino en el fondo de la fosa de las Marianas, pero eso aparte de ser algo subjetivo no significa que: 1) forme parte de la historia de nuestro cine, 2) están las risas y 3) está Dagon. Así que sí, he perdido cordura pero… valió la pena.

Me despido de ustedes con unas aguas tranquilas y bastante majetas. Resulta que es el «Peyto Lake» en Canada. Aprovechamos para aprender geografía CC por Frank Kovalchek en Wikipedia.

Autor del artículo

Víctor Deckard

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