La Superliga que quiso ser y no fue. Con el fútbol hemos topado amigo Sancho.

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El autor en el desaparecido Campo de fútbol de Torrero. Donde apuntaba maneras. Eso sí, sólo maneras.

La denominada Superliga Europea no es una idea caprichosa de Florentino, ni tampoco es nueva. Lo cierto es que Bartomeu, el dimitido presidente del F.C. Barcelona, fue quien lideró la Superliga en la sombra hasta su dimisión. En una reunión privada en 2015 Bartomeu y Andrea Agneli -consejero de administración de FIAT y presidente de la Juventus de Turín-  fraguaron el esquema de lo que después se denominó Superliga. Una idea que en realidad ha durado 72 horas desde su intento de puesta en marcha. La sentencia de muerte la dictó precisamente uno de sus fundadores, Agneli, cuando manifestó hace dos días que “la Superliga no se llevará a efecto” dando así por finiquitado el proyecto que salió a la luz el domingo pasado cuando 12 de los clubes más poderosos del mundo futbolístico anunciaron la creación de la nueva competición. Fueron estos: Chelsea, Tottenham, Manchester City, Manchester United, Liverpool, Atlético de Madrid, Inter de Milán FC, Barcelona, Juventus, Real Madrid, Arsenal y Milán. El invento iba de disputar una competición exclusiva y elitista -donde no tendrían cabida otros clubes- en un torneo europeo y donde además se ignoraban de entrada a la mayoría de los países de la UE -tan solo se le permitiría la entrada a cinco clubes más por “méritos propios”-

Ha sido Florentino Pérez presidente de ACS y presidente del Real Madrid, siempre tan dispuesto en temas empresariales de envergadura, quien ha abanderado la cosa después de Bartomeu -entre cucos anda el juego- metiéndose en un berenjenal donde le han llovido de todos los lados. Entre otras afirmaciones para justificar su puesta en marcha, Florentino asegura, cual «salva patrias», que “el fútbol está perdiendo interés y las audiencias están bajando”, cuando la LIGA demuestra con datos que las audiencias han crecido globalmente en todas las regiones del mundo desde el año 2014-2015, alcanzando los 2800 millones de espectadores de audiencia acumulada en la temporada 2019-2020. Además, según los datos que presenta la Liga, la audiencia hasta la jornada 30 de la presente temporada de la Liga en la televisión de pago asciende a los 124.489.294 millones de espectadores -un 8,1% más que la temporada pasada a estas alturas-. Si se suman los partidos en abierto, asciende a los 160.525.538, un 6,2% más respecto a la campaña anterior. Pero sin querer entrar en cifras,  lo que realmente subyace bajo asunto es que los citados equipos quieren un mayor tajo de millones aprovechando una situación de privilegio. No obstante, tanto en el contenido de la propuesta, como en las formas, sus gestores han demostrado un tremendo desapego y falta de empatía con el resto del amplio conglomerado futbolístico. Ya lo dijo Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como. Y ahí con el futbol hemos topado amigo Sancho, pues esa realidad/conglomerado viene determinada por los aficionados en primera instancia, jugadores, entrenadores, directivos y clubes -la mayoría de mucho menor presupuesto- políticos, medios de comunicación y, desde luego, las organizaciones que regulan y aglutinan al conjunto de federaciones, selecciones, profesionales, futbolistas, como la FIFA, UEFA, LFP, etc, todo un universo sin el que algo tan complejo como el fútbol, se pueda modificar sin su consenso. 

Los doce fundadores citados se sumaron al proyecto, pensaron que ancha es Castilla y todo estalló en cuestión de horas. La gente más impulsiva salió a la calle; las organizaciones amenazaron con expulsar a los equipos convocantes de otras competiciones; los políticos vieron la oportunidad y se sumaron a la crítica; los medios de comunicación, después de ver por donde evolucionaron los acontecimientos, crearon estado de opinión siguiendo el viento y así un etcétera de oposiciones mas o menos fundadas contra la ocurrencia. Esto suponía un ataque directo a la UEFA, a la LFP, al Calcio, a la Premier y al resto de federaciones y competiciones locales europeas, y, sobre todo, una falta de consideración al consumidor final que es el que paga: la afición. La prepotencia de quienes diseñaron algo que pensaban que funcionaría simplemente “con y por ellos mismos”, ha sido el producto de su fracaso. Hoy, más que nunca, en Europa se necesitan consensos para todo y el fútbol, como curioso y extraordinario fenómeno social, deportivo y de masas no puede ser menos delicado para esos consensos. Qué duda cabe que los clubes citados generan enormes cantidades de dinero y desean un mayor bocado de lo que ellos ven como un negocio, pero no hay que olvidar que también forman parte de un “todo” donde también hay más equipos -la mayoría de presupuestos mucho más bajos- que luchan por sobrevivir en competiciones con una vorágine de cifras realmente de vértigo. Cifras y presupuestos que los clubes más poderosos han provocado, entre otras cosas, con una política de fichajes basada en cantidades realmente desorbitadas y con las que el resto de los clubes ni en sueños podrían competir. Esa creo es la principal causa del desequilibrio existente entre clubes «ricos y pobres» la verdadera amenaza moderna contra el fútbol y,  por tanto, uno de los principales problemas a solucionar en el fútbol profesional donde la correlación de fuerzas, una vez en el terreno de juego entre, pongamos por caso un FCBarcelona-Cádiz o un Real Madrid-Eibar, salvo conjunción planetaria favorable al Cádiz FC. o a la SD.Eibar (lo digo con el máximo respeto a ambas aficiones y a ambos clubes, pues de hecho también saben ganar con muchísimo mérito a los grandes en ocasiones) hace que los sufridos aficionados de estos últimos ejemplos al igual que la mayoría del resto de equipos que componen la competición liguera, se asqueen de ver cómo sus queridos equipos solo sean meros comparsas pasados por el rodillo de los poderosos del fútbol, pues la pasta también se convierte en puntos de tres en tres la mayoría de las veces, reduciendo las aspiraciones a la casi única esperanza de poder mantenerse, a duras penas, en la categoría y al año que viene «dios dirá». No obstante aun así nos necesitan para jugar una competición con veinte equipos; menos mal. Esas desigualdades son las que están provocando realmente un tremendo daño al fútbol en su conjunto, pues siembran el hastío y empalago de los aficionados, que ven, siguiendo con el símil cervantino, que no se puede luchar/jugar contra molinos de viento y derribarlos en la cancha por mucho pundonor que se ponga. Desigualdades que, desde luego, no se van a solucionar, ni mucho menos, con la idea de que quince o veinte equipos sientan la necesidad de jugar una Superliga Europea para “salvar” el fútbol. De «salvadores» andamos bien. Ocurriría todo lo contrario, se agudizarían las diferencias entre los más poderosos económicamente y el resto, pues la brecha económica sería aun mucho mayor. 

Soy aficionado al fútbol desde niño. He crecido al lado de un campo de fútbol mítico en mi ciudad Zaragoza, en el barrio de Torrero, donde jugaba un  equipo llamado “Iberia SC” antes de su fusión con otro club zaragozano el «Zaragoza» para formar el «Real Zaragoza». Un lugar donde siempre se ha entendido el fútbol con un gran contenido de “elemento popular” y casi nada elitista. Poco a poco el Real Zaragoza fue creciendo hasta llegar a un gran nivel de prestigio y futbolístico, pero echado a perder cuando las aspiraciones de empresarios con aires de grandeza inusitada fueron más allá de donde la prudencia indica y lo arruinaron económica y futbolísticamente, como ha ocurrido a otros muchos equipos. Entiendo que en el mundo actual esa especie de “romanticismo” cada vez se lleva menos. Ahora priman otras cuestiones e intereses como los económicos, políticos, televisivos, etc. Hay que adaptarse a los cambios, no cabe duda. Es necesario evolucionar y adaptarse como todo en la vida. Pero la evolución para intentar mejorar cualquier aspecto de una sociedad en constante movimiento sólo puede venir de un consenso amplio que aglutine los intereses de todos. Pues todos son necesarios. 

PD.- En la foto una imagen casi jurásica donde muestro mis esperanzadoras dotes futboleras en el desaparecido campo de Torrero en Zaragoza. Yo quería ser José Luis Violeta, mi ídolo por aquél entonces. Esperanzas que, como no podía ser de otra manera, quedaron en nada.

Macue

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