HAY UN ZOMBI EN MI SOPA NIGERIANA: «WITCHDOCTOR OF THE LIVING DEAD»

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Nos encontramos aquí con una obra interesante por diversos factores. Comencemos diciendo que es una película de Nigeria, país que cuenta en la actualidad con una industria cinematográfica tan potente que es la tercera más importante del mundo, tras la estadounidense e india. En el año de producción de la película (1985) esta factoría masiva de cine -a la que también se cita con el nombre de Nollywood como guiño a su relevancia- aún no había despuntado, pero se la puede considerar un precedente de lo que estaba por llegar en el país africano, por ejemplo con la elección del idioma inglés -en una clara vocación de proyección exterior- para los diálogos.

Por otro lado, la elección del tema de los muertos vivientes y como es tratado en esta película, aporta elementos atractivos desde varias perspectivas. En primer lugar, vemos como los elementos canónicos de la primera ola del género con los zombis de movimientos lentos,  popularizados por George A. Romero en «La noche de los muertos vivientes» (Night of the Living Dead, 1968) llegan a todos los rincones del planeta. Sin embargo la obra que nos ocupa aporta rasgos particulares de la cultura en la que se enmarca, lo que ofrece información de reseñables factores antropológicos como el uso del «polvo zombi», algo que ya impactó en la posterior «La serpiente y el arcoíris» (The Serpent and the Rainbow, 1988) de Wes Craven. De hecho, el ámbito zombi sufre todo un sincretismo que evoluciona hasta la segunda ola más reciente y que eclosiona con obras como «El amanecer de los muertos» (Dawn of the Dead, 2004) -magnífico remake por parte de Zack Snyder de la original de Romero- o «28 días después» (28 Days Later, 2002) de Danny Boyle; pero tiene unos orígenes ancestrales entroncados en la cultura africana que se pueden percibir en esta película y que luego se trasladarán a Estados Unidos a través de las colonias esclavistas del Caribe, siguiendo un camino similar al de la música afroamericana, . No obstante, si este elemento cultural es interesante no es el único, pues en Witchdoctor se percibe -a través de sus dos principales antagonistas- el choque entre el monoteísmo cristiano representado aquí por el buen sacerdote, y el ámbito tribal y pagano que se nos aparece en esta ocasión como el oscuro o demoniaco, así como útil para los intereses egoístas del villano (personificado en el brujo de la aldea quien usará sus conocimientos sobrenaturales para ejercer un opresivo control social sobre sus convecinos). Es una lucha de creencias que ha sido muy real en el continente africano en la modernidad,  pero en definitiva también durante toda la historia del monoteísmo pues éste, al no ser capaz de aceptar otras creencias como verdaderas por su concepción de un único Dios verdadero, se ha enfrentado a ellas. Es un choque que en el ámbito anglosajón podemos ver en la más que notable película «El hombre de mimbre» (The Wicker Man, 1973), dirigida por Robin Hardy con magnífico guion de Anthony Shaffer, y que en ese sentido está emparentada con la obra que nos ocupa.

El de zombis es un género realista (observemos a un grupo de ciudadanos yendo a buscar papel higiénico durante el primer confinamiento)

Con todo lo dicho, creo a mi entender que la película que analizamos merece un respeto. Es fácil olvidarlo si nos atenemos exclusivamente al ámbito formal, que llama la atención a unos espectadores occidentales acostumbrados a producciones cinematográficas con un acabado -al menos en lo visual, aunque no siempre- con unos mínimos de calidad. En ese sentido, desde nuestros ojos es cómico ver una película como esta en la que los despropósitos técnicos se suceden. Por citar algunos ejemplos nos vamos a encontrar con escenas diurnas cuando supuestamente es de noche, un maquillaje de escasa calidad, efectos especiales de baratillo cuanto menos, cortes repentinos o estridencias súbitas en la música, una actuación amateur con poses exageradas (aunque en este sentido recuerdan entrañablemente a la primigenia forma de actuar del cine mudo) o secuencias artificialmente alargadas para incrementar el metraje, estrategia de innumerables películas de bajo presupuesto, siendo uno de los mayores exponentes en esa técnica «R.O.T.O.R» (R.O.T.O.R. Cullen Blaine, 1989). En definitiva un desmadre divertido por estar dentro de producciones baratas que por lo expuesto son llamadas en ocasiones «cine malo» o «cine cutre». No obstante, aunque verla desde exclusivamente esta perspectiva puede ser -en mi caso lo es- «descacharrante» sobre todo en grupo, dejará de lado otros elementos que como decimos enriquecen la obra y que pueden ser tenidos en cuenta. Tampoco conviene caer en una especie de reactualización del mito rousseauniano del «buen salvaje», ya no sólo por una despectiva concepción paternalista desde nuestra cultura, sino además porque no todo lo que se hace con pocos medios es inocente o un canto de amor al formato, ya que como decimos, Nigeria -lo que también se puede señalar con India- cuenta con una industria cinematográfica y, como tal, lo que busca es ganar dinero a través de una lógica en muchos casos estrictamente mercantilista. Con la poca información disponible de la producción de Witchdoctor of the Living Dead, no podemos saber a qué grado de pasión por el séptimo arte responde, pero la dinámica de la pura ganancia es una perspectiva que no conviene perder de vista cuando veamos algunas películas baratas.

En mi podio de películas que más me han hecho disfrutar. En serio.

En definitiva y resumiendo, nos encontramos con una película bastante desconocida dentro del género, que puede resultar divertida de ver por sus carencias técnicas, pero que además nos cuenta una historia coherente y que, a la vez, nos pone en la pista de ciertos elementos antropológicos y culturales que pueden resultar atractivos.

Witchdoctor of the Living Dead: Permitan que les explique las ventajas del tipo fijo sobre el tipo variable.

Anécdotas: Como señalamos en la crítica, la obra está rodada en inglés, algo frecuente en las producciones nigerianas para que tengan más proyección internacional; la película ha sido dada a conocer en pequeños círculos en España gracias a José Viruete y su programa «Videofobia», así como a los integrantes del podcast Campamento Krypton, organizadores del ciclo de cine «La monstrua de cine chungo», en el que se emitió este film y que prepararon subtítulos en castellano especialmente para la ocasión.

Dirección: Charles Abi Enonchong . Producción: Enonchong O’Reilly Cinema Production .  Guion: Charles Abi Enonchong. Intérpretes: Joe Layode, St. Mary Enonchong, Víctor Eriabie, Larry Williams Nacionalidad y año: Nigeria, 1985. Duración y datos técnicos: 80 min. Color

Imágenes del artículo: Zombi (wikipedia it. Fair Use) R.O.T.O.R (wikipedia ing. Fair Use). Resto: fotogramas de Witchdoctor, Fair Use.

Autor del artículo

Víctor Deckard

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