30 Años de «Peligrosamente unidos» (Wedlock): hasta que un collar explosivo nos separe

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La Ciencia ficción, gracias a su potencialidad planteando hipótesis plausibles pero todavía inexistentes, posibilita la reinterpretación de determinados géneros cinematográficos, como -por citar sólo algún ejemplo- el noir (con Blade Runner, 1982), el bélico (Starship Troopers, 1997) o en el caso que nos ocupa, el carcelario en su vertiente de fuga. De hecho, a Wedlock se la ha querido ver en ocasiones como un nuevo enfoque de la galardonada película de Stanley Kramer Fugitivos (The Defiant Ones, 1958), donde se exploraban temáticas como la conflictividad racial a través de la fuga de dos presos -uno negro, Sidney Poitier, y otro blanco, Tony Curtis- encadenados entre sí. En Peligrosamente unidos, película originalmente destinada a la televisión, no se llega a tanta profundidad social, siendo un producto más bien ligero. Con todo, nos encontramos aquí con ciertas pinceladas de crítica política a través del hecho de que la cárcel de la que se fuga el protagonista Frank Warren, interpretado por Rutger Hauer (Blade Runner, Los señores del acero, Sin City) sea una penitenciaría privada (algo que ya se da en países como Estados Unidos desde los años 80, lo que puede estar llevando a que determinadas empresas del sector promuevan el endurecimiento de leyes por intereses económicos, como denuncian organizaciones como In the Public Interest) o a la mención del cambio climático a través de ciertas referencias a la sequía y la escasez del agua. Por lo tanto, esta perspectiva no está totalmente alejada de la obra, algo que suele ser frecuente en otros filmes que, con mayor o menor éxito, se mueven en este subgénero, incluyendo como aquí dispositivos electrónicos para evitar fugas, por ejemplo en Perseguido, de Paul Michael Glaser (The Running Man, 1987), donde también se usa el sistema de los collares explosivos; La fortaleza infernal  de Stuart Gordon (Fortress, 1992), obra en la que los aparatos que puede provocar la muerte de los reclusos reciben el escabroso nombre de «intestinadores»; o su secuela dirigida por Geoff Murphy,  Fortaleza infernal 2 (Fortress 2: Re-Entry), donde nos encontramos con los «neuro-implantes». Por lo que respecta a su ámbito más estrictamente carcelario, el desarrollo de Peligrosamente Unidos sabe transmitir cierta angustia, sobre todo a través de las actuaciones del inquietante director de la prisión, interpretado por Stephen Tobolowsky (Spaceballs, Thelma y Louise, Memento) y su particular instrumento de tortura favorito, conocido como «la bañera»; así como por la dinámica de ciertos presos violentos, pudiendo citar en este sentido la parte de la trama en la que se ve envuelto Danny Trejo (Abierto hasta el amanecer, Heat, Machete), alguien siempre agradable de ver en cualquier película. Por supuesto, es un componente a años luz de las grandes películas de cárceles, pero que le da un plus a la historia que nos ocupa.

Rutger Hauer siempre bien. Bueno, no, pero se le tiene cariño. Y Rogers además juega al póker de maravilla, en serio.

Al margen de los condicionantes de trama de Peligrosamente unidos, muy simples y arquetípicos (preso traicionado o acusado injustamente y búsqueda de su redención o venganza), así como de sus ligeros -pero bien implementados- condicionantes sociales, nos encontramos con una cinta vivaz, pese a alguna reiteración de guión derivada de la explotación -nunca mejor dicho-, en ocasiones con cierta comicidad, de las situaciones derivadas del hecho de que los personajes interpretados por Hauer y su compañera de fuga Tracy Riggs (Mimi Rogers, The Doors, Perdidos en el espacio) no pueden estar separados más de cien yardas (unos 91 metros) so pena de que sus cabezas vuelen por los aires. En este sentido, pese a las repeticiones señaladas, el director Lewis Teague (Alligator, Cujo, Los ojos del gato, Navy SEALs) se maneja con cierta sencillez y solvencia que encaja bien con una película más bien simple como ésta. En cuanto a interpretaciones, no pasan de lo justo. La pareja protagonista cumple sin más, con Rogers a un nivel ligeramente superior que Hauer, quien nunca se ha dejado notar por su expresividad y que aquí no muestra un repertorio facial de más de dos o tres expresiones, además de resentirse en las escenas de acción  por culpa de un físico muy justo, sobre todo si lo comparamos con la señalada Blade Runner. En su interacción, muchos de los espectadores de esta cinta suelen apreciar una buena química entre ellos. Para el que suscribe su conexión funciona especialmente bien en los contados momentos cómicos, pero no dan la sensación de encajar especialmente en pantalla, aunque sin llegar a ser un elemento que llegue a molestar o arruinar el visionado. La pareja villana está representada por James Remar (The Warriors, Cotton Club, Límite: 48 horas)  también sin grandes alharacas, y Joan Chen (El último emperador, Twin Peaks, Juez Dredd ) tal vez la más destacable junto a Rogers por cierto aire siniestro que le sabe dar a su personaje, la ex-novia  del protagonista. Por lo demás, se cierra el grupo con los ya señalados Stephen Tobolowsky, solvente como sádico jefe de la cárcel, y  Danny Trejo en una breve pero impactante aparición.

En la cuestión más puramente técnica la película se resiente con el paso del tiempo. Entre su edad y que no se manejaron grandes números para su realización, la calidad de imagen no es la mejor del mundo. Sin embargo, si sumamos al hecho de que se muestran pocos elementos tecnológicos o futuristas -más allá de los collares explosivos- el que la acción está rodada sin complicaciones ni excesos, no es este tampoco un factor que destroce el film, sobre todo si somos capaces de mirar con cierta perspectiva, asumiendo el año de rodaje. Tres décadas nada menos.

En definitiva, una película sencilla, entretenida, con ligeros toques de crítica social típicos de la época y con unas actuaciones limitadas pero cumplidoras. Unos componentes que a día de hoy hacen que siga siendo disfrutable y otro ejemplo de que el cine de ciencia-ficción, con componentes de acción, de los años 80 y principios de los 90 era en muchos casos mejor que el actual, también en su vertiente de bajo presupuesto, como es el caso.

Por 25 pesetas: ¿películas en las que existan cacharros que te hagan explotar partes del cuerpo?

Anécdotas reseñables: Pese a ser una película destinada a televisión, llegó a estrenarse en cines // El título, Wedlock, es en inglés una palabra un tanto pasada de moda que significa matrimonio, haciendo referencia al vínculo entre los presos que comparten la frecuencia de sus collares explosivos. La palabra está compuesta por los términos wed (casado o casarse) y lock (candado). La película también se ha conocido como Deadlock, lo que suma a todo lo anterior el componente de estar muerto (dead), algo relacionado con los collares de la cinta, y que significa literalmente «punto muerto»// La película tuvo un remake en 1995, también para televisión, titulado Deadlocked: Escape from Zone 14, dirigido por Graeme Campbell, protagonizado por Esai Morales y Nia Peeples, así como repitiendo en el guión Broderick Miller.

Dirección: Lewis Teague. Producción: HBO films, ITC, Spectacor Films. Productores: Branko Lustig,  Broderick Miller (asociado) y Christine A. Sacamo (asociada). Productores ejecutivos: Michael Jaffe y Frederick S. Pierce. Guion: Broderick Miller. Música: Richard Gibbs. Fotografía: Dietrich Lohmann . Diseño de producción: Veronica Hadfield. Montaje: Carl Kress .Efectos especiales: Peter y Tom Chesney .Intérpretes: Rutger Hauer, Mimi Rogers, Joan Chen, James Remar, Stephen Tobolowsky, Danny Trejo. Nacionalidad y año: EEUU, 1991. Duración y datos técnicos: 101 min, Color.

Autor del artículo

Víctor Deckard

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