La batalla de Madrid

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No estamos en guerra, pero hay rasgos de la política de actualidad que se prestan a pensar en Madrid como una especie de reducto que adquiere tintes de dramatismo bélico. El hasta ahora vicepresidente tercero del Gobierno y secretario general de Unidas Podemos (UP) Pablo Iglesias, ha anunciado en las redes a través de un vídeo, que abandona el gobierno español para presentarse como candidato a la Comunidad de Madrid. El acierto o no de la decisión lo dirán las urnas, pero lo que está claro es que UP ha querido dar un golpe de efecto en un lunes mediático, sabedor de que su proyecto en Madrid nunca ha cuajado lo esperado por ellos. A quienes nos gusta fijarnos en los detalles de encuadre, en esta ocasión Iglesias retoma la parafernalia nacional y europea y se coloca delante de ambas banderas, la de España y la de Europa como acompañamiento de fondo. Ya lo cantaban “Los Nikis” en “La Hormigonera Asesina”: por el interés te quiero Andrés… A veces hay que volverse más patriota que lo que uno quiere demostrar en el día a día y es que Madrid es mucho  Madrid. La duda que se me antoja es la de si el ex vicepresidente ya tiene el síndrome de “hibris”: una alteración que ha sido descrita en la política a partir del comportamiento común de muchos líderes en los que la alta confianza y seguridad en sí mismos tienden a transformarse en prepotencia. Parece que ha de ser él quien se presente y no otra ni otro. Cuando alguien se siente en la necesidad de ser imprescindible es que ya tiene indicios del síndrome que termina afectando a la mayoría de políticos que encarnan liderazgos, léase Felipe, Zapatero, Aznar, etc. que sucumbieron a ese virus maligno y exterminador de políticos. 

Yendo a lo que nos ocupa, lo de Madrid, lo tiene complicado. Lo sabe el líder de UP y ha sido muy claro en lanzar mensajes: «Sé que que no va a ser fácil, de que hay muchas cicatrices, pero lo que nos estamos jugando (…) es lo suficientemente importante como para que seamos capaces de estar a la altura y de intentar la unidad que nos está pidiendo la gente de izquierdas». De momento es mensaje es claro y con acuse de recibo a Iñigo Errejón, al que en su momento vilipendió y al que ahora le envía muestras de afecto y cariño a sabiendas de que para arar el barbecho madrileño, hay que empezar por enganchar el arado de Más Madrid a su propio tractor. Por ahora ya le ha salido alguna contestataria como Mónica García, la candidata de Más Madrid, criticando que el hasta ahora vicepresidente de España se dedique más a lo que ella define como “política del espectáculo” que a poner la huella táctil, desbloquear el móvil y llamar a sus congéneres para contarles la movida bis a bis. El respeto es el respeto y el arado hay que engrasarlo debidamente en sus puntos correspondientes de engrase, si no quieren que salga al campo chirriando por los tortuosos caminos del electorado madrileño. «Sé que que no va a ser fácil -reitera- de que hay muchas cicatrices, pero lo que nos estamos jugando es lo suficientemente importante como para que seamos capaces de estar a la altura y de intentar la unidad que nos está pidiendo la gente de izquierdas». Dentro de ese concepto de  “izquierda” parece que no cabe, según su idea de las “izquierdas” la devaluada, léase la socialista, ya que el PSOE ha ratificado “ipso facto” a su Ángel Gabilondo como “máximum candidatum” para el próximo 4-M. Aunque ya veremos, pues en Madrid estas cosas se piensan mucho y puede haber acuerdos como los antibióticos, de amplio espectro. Que Madrid es mucho Madrid lo demuestra el hecho de que Pablo Iglesias baje a la tierra, pues controlar Madrid es controlar algo más que una comunidad.

Foto con licencia Creative Commons (en Wikimedia Commons por TLKVallecas)

Hay cosas que han cambiado sustancialmente en Madrid desde sus últimas elecciones: las derechas son más derechas y quizá, más cohesionadas, si se me permite la osadía. La armonía entre Ayuso y Abascal es mucho más tangible que la de Casado con el líder de VOX, máxime después de los exabruptos que lanzó en primero contra el segundo en la última moción de censura. Abascal no tendrá ningún problema en demostrarle a Casado que está equivocando el punto de mira y no le importará ensayar un acuerdo con Ayuso -que estará encantada de haberlo conocido- para demostrar que Madrid puede tener un gobierno de «derecha pura», sin ambages ni circunloquios. Otrosí: Ciudadanos está en cierre por derribo. Muchos ladrillos los recogerán las derechas y algunos, los menos, la izquierda. ¿Pasarán o no pasarán? ¿Quién sabe? El probar no embota la lanza, como diría Cobarrubias., pero en Unidas Podemos se pueden quedar sin filo.  

Autor del artículo

Macue

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