Causa y Efecto

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Artículo elaborado por el señor McCue y publicado originalmente el 26 de abril de 2020

Se dice que un efecto es consecuencia de una causa. Ambos: causa-efecto, forman una dualidad elemental. Lo decía Platón.


La causa de hoy es el virus; los efectos muy duros: enfermedad, confinamiento, desolación, sufrimiento y muerte. En otro orden de cosas: crisis social y económica, cambio de hábitos y costumbres, control de poblaciones, limitación de libertad individual, etc. Las consecuencias económicas pueden ser dramáticas a corto plazo. Doctores tiene esa iglesia, aunque con tanto teólogo economista, casi nunca nadie sabe vaticinar nada a ciencia cierta.


El efecto de la pandemia no deja de ser también un elemento de alerta, que ha colocado el foco en el plató de una sociedad ensimismada, y quizá necesitaba una aceleración en el tiempo. ¿Saldremos de esta? Espero que sí. Pero sin duda habrá que realizar una evaluación profunda de cómo funcionan los componentes sociales, económicos y políticos. Sin duda y cuando esto pase su fase más aguda, pediremos cuentas a nuestros gobernantes. En mi opinión muchas. Pero también nos deberemos resetear a nosotros mismos.

Imagen tomada de Wikipedia («Effect Butterfly») By User:Wikimol, User:Dschwen – Own work based on  CC BY-SA 3.0

En lo cercano e individual

En lo mas cercano a nuestro entorno, cambiarán cuestiones tan elementales como las formas de convivencia, de relación con los demás, de nuestros hábitos de compra de bienes y servicios, de transporte: primando el individual y ecológico -como la bicicleta, siendo consciente que éste no será la panacea, pues a todos los sitios no se puede ir en bici, pero sí considerarlo un medio ideal para moverse en las ciudades- de deporte, culturales, de ocio, etc. Las empresas y personas que se dediquen a ello tendrán que readaptarse a unas nuevas demandas.

En lo colectivo


En el plano colectivo o político-social, deberemos exigir a los gobernantes dar prioridad a la ciencia sobre la política, donde primen los criterios científicos y no al revés. También el virus ha enseñado otra forma de hacer mejor las cosas, revisando el modelo informativo público, privado, subvencionado -o ambos a la vez-, reconsiderando la famosa premisa que define el concepto de “información”: “Quién dice qué a quien” añadiendo a esa máxima la pregunta ¿Por qué? La pandemia nos ha dado una lección de cómo se puede manipular el denominado “estado de opinión” hasta la ridiculez, en función del color político y de influencia sobre algunos medios relevantes. O el juego que -para bien y para mal- dan las denominadas “redes sociales”, manipuladas con miles de cuentas de usuarios ficticios, convirtiéndose en los “mass media” de la tergiversación y el engaño, y donde se alimentan bulos estremecedores.

La respuesta que demos a esta crisis sanitaria que se ha convertido en múltiple y que, sin duda, dejará una profunda cicatriz, habrá de ser también múltiple, con cambios no solo económicos, sino también sociales y de comportamiento. El Covid19 ha dejado al aire las vergüenzas de nuestra propia fragilidad y deberemos revisarlo casi todo. Desde la dependencia productiva de China -incluso para fabricación y adquisición de los artículos de protección sanitaria mas elementales, como es una simple mascarilla-, hasta las consecuencias del movimiento de personas y mercancías, fruto de un sistema necesitado de que productos y personas, se muevan planetariamente en un constante frenesí -base del desarrollo de toda pandemia-.

Nuestros ancianos

Otra cuestión importante: La actual estructura en la que se basa la atención y cuidado en residencias para nuestros mayores debe ser revisada. Deberemos valorar la necesidad que éstas sean públicas y gestionadas por los sistemas públicos de salud. ¿Por qué no armonizar un equilibrio, entre la gestión pública de las mismas, con la aportación universal de las pensiones de sus residentes, añadiendo los factores de corrección presupuestaria y económica necesarios, aportados por el Estado, donde se prime el bienestar, la salud y la atención de sus usuarios por encima de los criterios de rentabilidad y especulación que, el actual sistema, mayoritariamente privado, conlleva?

La Unión Europea: también social

Con respecto a la Unión Europea, habrá que revisar lo necesario para evitar -una vez más- que volvamos a asistir al bochornoso espectáculo del “sálvese el que pueda”, armonizando políticas y directrices comunes, donde prime el criterio de solidaridad entre los países miembros. La UE no debe ser solo una Unión económica y de mercaderes, sino también una Unión social que vele por la salud, seguridad y bienestar de las personas de todos y cada uno de sus países miembros por igual. De no ser así, se vislumbran los viejos fantasmas nacionalistas en Europa.


Asimismo será necesario revisar nuestros sistemas de salud, haciéndolos más eficaces, dotándolos de los medios necesarios, humanos y materiales, no solo para mejorar y preservar la salud de las personas en el día a día, sino también para estar preparados y bien dotados, de cara a crisis de salud y pandemias futuras, dando respuestas rápidas y eficaces sin que tengamos que esperar semanas a que nos llegue el material necesario de Asia.

La OMS


En el plano global es necesario apoyar a la OMS -muy al contrario del estúpido planteamiento de Donald Trump- dotándola de recursos y contenidos suficientes, sobre la base de mejorar y potenciar estructuras de salud en las zonas del planeta donde más se necesite. La salud global, también es nuestra salud y por tanto el sistema de salud ha de ser un derecho incuestionable de todo ser humano. En ese sentido, las nuevas tecnologías nos pueden ayudar mucho a ello. La videomedicina, el análisis telemático del paciente, la medicina personalizada, etc, junto con una dotación farmacéutica suficiente, pero controlada, que evite el despilfarro y colapso de cualquier sistema, deberían ser las líneas por donde incidir. En la lucha contra el virus las nuevas tecnologías se han demostrado eficaces. En España, por ejemplo, la receta electrónica se ha demostrado como una herramienta eficaz. Pero hay que incidir más en ello. Las visitas médicas telemáticas evitarían posibles contagios y colapsos en la atención primaria y especializada, y los servicios médicos podrían dedicar mayor atención en el ratio tiempo/paciente en aquellos que requieran una consulta médica presencial. Son algunas cuestiones, pero sin duda serán muchas más las que habrá que revisar.

El futuro


Nadie puede predecir el futuro. Iremos viendo cómo evoluciona el día a día y el sentido común fuerza a no aventurar esa imprevisible vuelta. Hay mucho futurólogo de pasillo, se lo dejo a ellos. Lo cierto es que la vuelta a una cierta normalidad no va a ser fácil, pero una de las las lecciones que nos deja el “efecto” producido por la “causa”, es que habrá que revisar una buena parte de esa “normalidad”.

Autor del artículo

Macue

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