Alien 3 de William Gibson. Como ligar más sabiendo de xenomorfos (o igual no)

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Vivimos en un mundo Cyberpunk. De nuevo, amigos, la Ciencia-ficción como adelantada. Este subgénero nació a principios de los años ochenta del siglo pasado y nos describe un mundo en el que las grandes empresas hacen lo que les sale del higo, los gobiernos están más que dispuestos a legislar favoreciendo los intereses de los poderosos, la economía -la de los ricos, claro- prima sobre la salud, y la tecnificación está en gran medida al servicio de fomentar una frustración individual que lleve al consumo constante de cacharros que no necesitamos. ¡Venga, más coches, que si no Nissan cierra y no podemos pagar la hipoteca! ¿Les suenan todas estas movidas? Bueno, es bien sabido que dos de las obras fundacionales en este campo fueron “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) y la novela “Neuromante” (William Gibson, 1984). Este texto, complejo y denso como un día de resaca (pero hay que cervecear, amigos, que el turismo mueve la puntera economía Champions española) ha coqueteado con su adapación al cine varias veces pero sin que llegara a concretarse nunca en algo definitivo, pese a lo cual ha servido de inspiración a innumerables filmes, siendo de los más conocidos “Matrix” (Wachowski Bros., 1999). Lo que no es tan conocido es que Gibson hizo un guión para la tercera parte de la franquicia Alien, famosa precisamente por el impacto que tuvo la primera parte dirigida en 1979 por un Ridley Scott al que en aquella época no se le iba -en demasía- la pinza.

Hola, soy Ridley Scott. Me conocerán por películas como «Hannibal» o «Black Hawk derribado» (Foto Wikipedia)

La cosa es que si la intimista primera parte, reactualización maravillosa del terror gótico, fue un éxito y nos dejó con el culo torcido, la continuación por el blockbustero James Cameron (“Aliens”, 1986) logró que los directivos de la 20th Century Fox hicieran lo que más les gusta en esta vida: bañarse en billetes y encender puros con ellos. Una continuación estaba más que servida y mucha gente estábamos a la expectativa, de modo que las conjeturas sobre como evolucionaría la historia florecían y muchos -entre los que se encuentra el firmante- teníamos la esperanza de que por fin los entrañables xenomorfos llegaran a la Tierra repartiendo amor a base de mascar chicle y patear culos (por todos es sabido que se les acabó el chicle hace tiempo, mala suerte). Sin embargo nuestro gozo en un pozo, los jefazos del estudio, creciditos con tanto baño verde acabaron por meter -mal- demasiada mano en la producción, dando como resultado una peli mutilada en el montaje, construida con más retazos que los que se pueden encontrar en una clínica de estética y con un novel director David Fincher hasta el moño de todo y de todos (como nos gusta decir en Podcaliptus, si un día quieren trolear a este señor, díganle que les gusta Alien 3. Después huyan). En todo este caótico proceso, con guiones volando pa’rriba y pa’bajo uno, de los muchos, que recibió el encargo de escribir la historia fue, tachán, William Gibson. De nuevo les ofrecemos un dato que les puede servir para quedar guay y ligar en cualquier fiesta (o seguramente no). Ahora ese texto, que quedó en el inabarcable limbo de lo que pudo ser y no fue del cine, ha salido recientemente en formato cómic (Gibson, Christmas, Bonvillain, 2018-2019) de la mano de Dark Horse (por Norma en España).

Escena de Alien 3. Una peli que va sobre el moviento «Black Lives Matter», algo que enorgullece a Fincher.

Sea como fuere, William Gibson nos cuenta que en su inocencia él pensó que cuando un estudio te encarga un texto es para filmarlo, pero si los caminos del Señor son inescrutables los de Hollywood son directamente un enigma dentro de un misterio envuelto en un acertijo, que diría el despreciable (sí, han oído bien) Churchill, y tiempo después descubrió que la Fox lo único que quería era destilar de su historia un aromilla cyberpunk que fuera utilizado en otros guiones. Lo único que quedó en el montaje final de lo que hizo el pobre Gibson fue un tatuaje con forma de código de barras. Cosas que pasan.

En fin, de nuevo el mundo del noveno arte viene a nuestro rescate y gracias a él podemos conocer al dedillo cual fue la trama que ideó el autor de “Neuromante” para continuar las andanzas de Ripley y su novio más sobón, el Alien. Se trata de un tebeo disfrutable, aunque ya advierto que tampoco va a revolucionar ni el mundillo del cómic ni el de la franquicia xenomórfica, pero desde luego es más que interesante para el aficionado -la historia no tiene NADA que ver con la película ¿de? Fincher- y desde luego está muy por encima, debido a la consistencia como autor de Gibson, de otros productos comiqueros basados en Alien (pese a lo que es un mundo a conocer, ya que Dark Horse perpetró productos mediocres pero otros bastante disfrutables, como el arco ¡sí! ambientado en la Tierra con perlas como la religión que adora al bicho. Maravilloso, aunque en la realidad hay gente que adora cosas peores, y lo dejo aquí que en este santo país hay un delito “contra los sentimientos religiosos”. Amén)-. Y encima, aunque no a la altura de otras historias del autor, se imbrica bastante bien con uno de los temas de reflexión de Alien a través de la compañía Weyland-Yutani: usar la naturaleza para enriquecernos y para utilizarla como arma contra otros seres humanos y contra la propia naturaleza. Hola, Coronavirus (que sí, vivimos en un mundo Cyberpunk).

Una de las portadas del Alien 3 de Gibson. Yo a veces me he levantado con las mismas pintas.

Bueno, que se lo lean y podrán descubrir que fue en la línea “Neuromante” de gente como el cabo Hicks, Newt o la única ministra de igualdad que sirve para algo: la teniente Ripley. 

Autor del artículo

Víctor Deckard

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