GRACIAS POR TODO, SEÑOR POHL

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«He dedicado mi vida a la Ciencia ficción. Es justo preguntar el motivo. Quiero decir, soy suficientemente inteligente. Podría haber desarrollado otras carreras, y algunas de ellas, al menos en su momento, parecían más atractivas en término de dólares y reconocimiento. Cuando desciendes a ello, ¿es contar mentiras sobre cosas que nunca han sucedido un modo responsable para un adulto de ocupar sus días? (…) La pregunta es bastante racional, pero tiene sólo una respuesta irracional: amor. Lo hago porque estoy enamorado. Hace mucho tiempo, quizás cuando tenía doce años, quizás más joven, me enamoré de la ciencia ficción (…) Tan sólo amé y soñé»  F. Pohl, The Way The Future Was. (1978), p.311

Frederik Pohl nos dejó hace unos años. Y entiendo perfectamente lo que decía en su autobiografía, porque yo también estoy enamorado de la Ciencia ficción, y fue precisamente él quien me concertó una cita con esta dama. Cuando era niño, tal vez de la edad que nuestro amigo cita, mi padre me regalo una Asimov Magazine que todavía, sin tapa y amarilleada, guardo como uno de esos pequeños regalos que ofrece la vida. Mis ojos de niño recorrieron ávidos las páginas, impactados por los mundos y las aventuras que allí se sucedían. Y, entre todos los relatos, enseguida elegí como favorito uno titulado «La Paradoja de Fermi». ¿Su autor?, claro que ya sabéis la respuesta: Frederik Pohl. Esa historia ganó un prestigioso premio Hugo, pero ni conocía este dato ni me hubiera importado de tener constancia de él. Lo que realmente trascendental para mí es que ahí se contaban cosas impactantes y había acción. ¿Qué más podía pedir?.

Esta anécdota sirve como introducción al análisis de la obra de Pohl. A día de hoy, más de veinte años después, sus historias todavía me parecen impactantes, y eso es porque abordan los temas que describen la sociedad en la que vivimos, su funcionamiento, sus peligros, sus aspiraciones, sus problemas, sus posibles soluciones. No es casual que a nuestro amigo le interesara la política, mucho. Ya en su adolescencia fue miembro del Partido Comunista de los Estados Unidos. Hay mucha gente que cuando piensa en comunismo, lo identifica de forma inevitable y equívoca con gulags y tanques soviéticos en Praga. Pero como el propio autor nos cuenta, sus compañeros en Estados Unidos estaban más alerta sobre las necesidades reales de la gente, como el trabajo, los derechos civiles, la paz o la democracia, que otros muchos grupos de la época. Ni siquiera pedían algo parecido a la dictadura del proletariado, sino que en la acción política más inmediata abogaban por promover una acción tan inocente como la reelección de Franklin D. Roosevelt (Ibid, p.61).  Otro gran autor de ciencia ficción, Kim Stanley Robinson, nos demuestra en «Marte Rojo», que hay muchos comunismos, y algunos de ellos nos pueden interesar para construir algo bueno en el futuro. Al fin y al cabo, a Pohl y a otros como él, les movía un fin tan loable como la lucha contra el totalitarismo, e incluso llegó a alistarse en la Brigada Lincoln para luchar en España al lado del legítimo gobierno de la República. Fue rechazado por su juventud, pero poco le faltó para estar, tal vez, en Teruel combatiendo al lado de Miguel Hernández. Por desgracia, el aparato director del comunismo internacional fue siendo fagocitado por la dirección soviética. La crítica interna se hizo cada vez más difícil y las opiniones personales eran anuladas en favor, en muchas ocasiones, de los intereses puramente nacionalistas rusos. Esto no resulto indiferente a un amante de la libertad como Pohl, y el pacto germano-soviético de 1938 fue el principio del fin de su militancia. Cuando una camarada del partido le propuso brindar dos años después por la toma de París por parte de las tropas nazis, abandonó la organización. Sin embargo, la política nunca le dejó, ni él a ella, y leer sus libros es entender la sociedad contemporánea. El caso más representativo es «Mercaderes del Espacio» (1953) escrito en colaboración con C. M. Kornbluth. La sociedad vacía y deshumanizada que muchas veces nos rodea está descrita con brillantez en una obra en la que el consumo fatuo se eleva a la categoría de religión, y en la que -metáfora que nos invita a reflexionar acerca de nuestro mundo a crédito- el protagonista cae preso en un lugar en el que cuanto más trabaja más deuda contrae. En la misma línea política se puede incluir la tardía -pero recomendable- secuela de Mercaderes, «La Guerra de los Mercaderes» (1984) o el maravilloso relato «El Túnel debajo del Mundo», incluido en la colección «Corrientes Alternas» (1956), que describe -a través de los extraños eventos que se suceden en una pequeña localidad- como los individuos somos alienados hasta reducirnos a la mera categoría de consumidores sin mente. De hecho esta obra puede considerarse un muy temprano referente de productos como «El Show de Truman», y contó con una muy correcta traslación a la pantalla, producida por la BBC en el marco de la serie Out of the Unknown (1966), aparte de una película italiana de 1969, Il tunnel sotto il mondo.

La comprensión de nuestra sociedad, qué nos hace débiles como grupo e individuos, qué nos hace fuertes, cuáles son nuestros anhelos, cómo conseguirlos. Esto hace grande a la Ciencia ficción, esto hace grande a Pohl. Pero, y aquí voy con la segunda característica de su obra, temas tan profundos los aborda con un ritmo trepidante, sazonado con algo de humor socarrón marca de la casa, un tanto irónico, un tanto ácido, del que mete el dedo en la llaga. En definitiva, ya con 19 años editó dos revistas pulp: Astonishing Stories y Super Science Stories y él sabía que los lectores de estos productos lo que querían era aventuras (Pohl, 1978, p. 107). Así que, puestos a contar cosas importantes, ¿por qué no hacerlo de forma divertida?. Yo he estudiado Historia en la universidad. Algunos de los textos que tenía que leer para mi carrera eran imprescindibles  para entender la sociedad, pero pocos divertidos. De ahí el valor que tienen los escritores que, como Pohl, conjugan las dos cosas. Incluso en obras menores de él como «Terror» o «La Trilogía del Reverendo Hake», el ritmo es alegre y el trasfondo interesante, lo que recomienda la lectura.

Análisis político y ritmo, sería bastante para escribir buenas novelas, pero nuestro amigo no se quedó aquí. Otro de sus rasgos fue una curiosidad científica que le permitió proyectarse con éxito hacia el futuro, aportando ideas de cómo nuestro mundo puede llegar a ser técnicamente y como eso puede mejorarlo -o empeorarlo-: «El aprendizaje, todo tipo de aprendizaje (…) pero sobre todo ciencia, es para mí el mejor deporte espectáculo (…) creo que de algún modo tengo una religión básica, cuyo propósito es comprender el mundo y todo lo que contiene. No necesito hacer los descubrimientos, pero necesito saber acerca de ellos» (Pohl,1978, pp. 221-222)

Así, recorrer las páginas de novelas tan aclamadas como «Homo Plus» o «Pórtico» y sus secuelas, es deleitarse con los rasgos políticos y de estilo señalados anteriormente, pero también con los elementos técnicos que las completan: un mundo posible de exploración espacial, de bioingeniería, de inteligencia artificial, entre otros campos desplegados ante nosotros de forma rigurosa para explorarlos junto al autor, en una especulación posible, en ocasiones deseable, en ocasiones temible, pero sujeta al debate filosófico al que su obra también invita.

Por tanto, con la suma de características señaladas, la inmersión en la obra de Pohl resulta recomendable para todo amante del género, en definitiva para todo aquel que guste de entenderse mejor a sí mismo y a lo que le rodea. Sin embargo, su labor en este campo no se redujo a la escritura, y a través de otros ámbitos contribuyó enormemente al crecimiento de la ciencia ficción como género. Me refiero a su labor como editor y, en menor medida, como agente literario. Señalaba anteriormente como, con 19 años, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, llegó a esta esfera a través de dos revistas pulp, además de representar los intereses comerciales de algunos de sus compañeros futurianos, grupo que contribuyó a crear de amantes del género -en su mayoría también incipientes escritores como Asimov o el ya señalado Kornbluth-, facetas que le ayudaron a establecer sus primeras relaciones y actividades en el mundo editorial. Tras el parón por el conflicto bélico, en el que participó directamente, volvió a introducirse activamente en su labor previa de representante y logró la publicación de obras tan importantes como «El Día de los Trífidos» de John Wyndham (1951) o la primera novela de Isaac Asimov, «Un Guijarro en el Cielo» (1950), por lo que este llegó a decir: «en resumen, Fred, más que cualquier otra persona, dejando aparte a John W. Campbell (…) hizo posible que me convirtiera en escritor» (Asimov, I. Asimov, memorias. 1994, p.61). En 1953 dejó su tarea como agente para centrarse en escribir, tras haber ayudado a otras figuras tan importantes como Robert Sheckley, pero su labor editorial estaba lejos de estar concluida. En 1960 y hasta 1969 fue el editor de las importantes revistas Galaxy e If (esta última con la que ganó tres premios Hugo como mejor editor) aparte de otras como Worlds of Tomorrow. Describió su labor en los siguientes términos: «la paga era miserable, el trabajo interminable. Fue el mejor empleo que he tenido en mi vida» (Pohl 1978 p. 237). En definitiva, al margen de las peculiaridades que iban con el cargo, como tener que relacionarse y competir con el ya mencionado John Campbell -quien entre otras rarezas gustaba de tener un bote de ketchup privado- o recibir a todo tipo de gente insólita que decidía visitarlo sólo por editar ciencia ficción, como una mujer que irrumpió en su despacho afirmando ser espiada a través de implantes cerebrales, sabía que su papel a la hora de dar el empujón a escritores valiosos fue realmente importante. En definitiva, publicó trabajos de gente tan crucial como -y aparte de los ya mencionados- Robert Heinlein, Poul Anderson, Jack Vance, Robert Silverberg, Larry Niven, Harlan Ellison, o Philip K. Dick entre otros.

En fin, por norma general, los buenos autores no son más que buenos autores -y, benditos sean, ya es más que lo que somos el común de los mortales- y los buenos editores no son más que buenos editores -y, benditos sean, gracias a su trabajo podemos disfrutar de los buenos autores-. Frederik Pohl compaginó ambas tareas y con brillantez. Como escritor de ciencia ficción creó obras que, por sus características, engrandecieron el género. Por otro lado, como editor publicó libros de personas que, a su vez, hicieron crecer este campo. Por ello merece ser doblemente enaltecido y recordado. No creo en el paraíso, pero a veces pienso en cómo sería este, caso de existir. Imagino un lugar, como una gran mansión -con su bar y con su sala de cine- en el que poder reunirte con gente que ha sido importante en tu vida. Si ese lugar tiene cabida en alguna dimensión, seguro que Pohl está tomándose ahora unas copas con mucha gente que ha contribuido a una mejor sociedad. En definitiva -si ese lugar es real- confío en que tras cruzar el incierto horizonte pueda pasarme por allí para que el amigo Fred me cuente algunas anécdotas con su particular estilo socarrón. Por mi parte, yo le diría, «gracias por todo, señor Pohl».

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA (Y RECOMENDADA):

-ASIMOV, I. Asimov, memorias. Barcelona: Ediciones B, 1994.

-KORNBLUTH, C y POHL, F. Mercaderes del Espacio. Barcelona: Minotauro, 1994.

-POHL, F. Alternating Currents. London: Penguin, 1966.

-POHL, F. Homo Plus. Barcelona: Ediciones B, 2000.

-POHL, F. «La Paradoja de Fermi» en Asimov Magazine. Barcelona: Planeta-De Agostini, 1987, PP. 157-174.

-POHL, F. Terror. Barcelona: Ultramar, 1988.

-POHL, F. The Merchants’ War. London: Futura Publications, 1986.

-POHL, F. The Way The Future Was. A Memoir. New York: A Del Rey Book, 1978.

-POHL, F. Trilogía del Reverendo Hake. Madrid: Pulp Ediciones, 2003.

-POHL, F. Pórtico. Barcelona: Bruguera, 1985.

FILMOGRAFÍA CONSULTADA (Y RECOMENDADA)

-«Tunnel Under the World» en Out of the Unknown (2º temporada, episodio 8). Dir. Alan Cooke. BBC, Reino Unido, 1966.

-«Il tunnel sotto il mondo». Dir. Luigi Cozzi. 1969.

Publicado originalmente por Víctor Deckard en la tristemente desaparecida página Pasadizo.

Autor del artículo

Víctor Deckard

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