Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

«Lo que nos cuenta es la descripción de un monumento caído, gigantesco, descomunal, que parece traer a cualquiera que lo mira la presencia de aquel soberano magnífico, déspota y poderoso (…) lo que parece un retrato de la magnífica obra de arte, acaba siendo, en el final del soneto de Shelley, una reflexión moral sobre la fugacidad de la vida y la muerte, igualadora e imperturbable. Basta leer lo que dice el pedestal de esa estatua destruida para caer en la cuenta de que toda la magnificencia que representó es cosa de nada, al fin y al cabo»

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MÁS NOTICIAS